martes, 29 de diciembre de 2015

Recuperando nuestra historia: "Ningún partido tiene derecho a imponer su táctica a la izquierda" - Entrevista a Benjamín Teplizky (Edición Nº 180 PF, 27 de marzo de 1973)

                                                                                                                                            PUNTO FINAL 
                                                                                                                                           Año VII. Nº180 
Martes 27 de marzo de 1973


Entrevista

"NINGÚN PARTIDO TIENE DERECHO A IMPONER SU TÁCTICA A LA IZQUIERDA"

EL vicepresidente del partido Radical y segundo de a bordo del Partido Federado de la Unidad Popular, Benjamín Teplizky, no cree que ningún partido o movimiento tenga derecho a "imponerle la estrategia y la táctica al conjunto de la izquierda".

Teplizky destaca que en la discusión "está el momento correcto para exponer las diferencias, para luego de haber alcanzado el consenso golpear todos en un mismo sentido al enemigo interno y al externo".

El vicepresidente del PR es partidario de la unidad de todos los revolucionarios que, dentro y fuera de la Unidad Popular, luchan por la construcción de una sociedad socialista.

PUNTO FINAL conversó con Benjamín Teplizky. Este fue el diálogo:

PF: ¿Podría hacer una breve referencia en torno al PR, antes y después de la elección del 4 de marzo?

BT: "El partido Radical, desde 1971, define su posición que ya se había planteado en 1969, de compromiso absoluto con el proceso revolucionario. Esto introduce en su interior problemas concretos con algunos sectores que pensaron que una cosa eran las declaraciones de principios y las líneas políticas acordadas por convenciones y algo muy distinto lo que se hacía en la práctica".

"En medio de estas contradicciones hubo que definirse. El grupo encabezado por Bossay y Baltra demostró un real compromiso con el sistema, lo que vino a producir una crisis del PR. Antes que se fueran de la Unidad Popular, ellos no estaban dispuestos a desarrollar acciones concretas al servicio de la revolución chilena ni siquiera por las vías y con el estilo pactado en la UP".

"La división del PR trajo confusión y la derecha y el imperialismo, con sus medios de comunicación y financieros, trabajaron en favor del otro sector, obligando al PR a una lucha de desgaste para impedir que la confusión hiciera presa de las bases del PR y, al mismo tiempo, tratar de hacer entender a los trabajadores que representamos que su lugar estaba junto a sus hermanos de clase, los obreros y campesinos".

"Por lo tanto, si hubo un partido dentro de la Unidad Popular que enfrentó en las peores condiciones la reciente campaña electoral, ese fue el Radical. El resultado fue que, por el PR votaron todos aquellos militantes o simpatizantes que, al igual que el resto del 43,7% de la UP, votó definido y dispuesto a jugarse el todo por la revolución".

El análisis que hace el PR está centralizado, entre otros puntos, en la cuestión del poder popular "que siendo un antiguo tema de la teoría de la revolución es nuevo para nosotros, sin olvidar que ha sido creado en Chile por la propia dinámica del proceso", señala Teplizky.

PF: ¿Cuál es su opinión en torno al poder popular?

BT: "El pueblo está generando en cada una de las crisis parciales que forman parte de la llamada lucha de clases, organismos e instrumentos que permitan ir creando un poder alternativo del poder burgués, en el sentido de que debe irse reemplazando la institucionalidad montada por la burguesía para la defensa de sus intereses y del imperialismo, por otra que vaya poniendo los cimientos —en esta etapa de transición— de la futura institucionalidad socialista".

"Frente a este fenómeno el PR, si es consecuente con sus planteamientos ideológicos de la Convención de 1971, ratificados en 1972, debe favorecer, alentar y participar en todas estas nuevas formas de poder popular, entendiendo con absoluta claridad que en esta etapa, y dadas las características objetivas del proceso chileno, no puede ser contradictorio con el gobierno popular; porque no se trata de repetir mecánicamente experiencias de otras revoluciones —especialmente la soviética de octubre de 1917—. El gobierno de Salvador Allende no es el gobierno de Kerensky y objetivamente, Chile en 1973 no es Rusia en 1917, ni la correlación de fuerzas internacionales, ni la situación de Chile en el concierto mundial, son hoy las que existían en 1917 para la revolución soviética, ni en la China de Mao, en 1949, ni siquiera iguales a las de 1959, cuando el Comandante Fidel Castro expulsó del poder al sátrapa Batista".

"Si bien la teoría revolucionaria tiene leyes de carácter general permanentes para todos los procesos, debemos recordar que una de ellas es que las realidades nacionales son intrasplantables en términos totales y absolutos".

PF: ¿Por qué se producen las expulsiones de militantes de la Juventud Radical Revolucionaria?

BT: "El nuestro es un partido que ha sufrido intensamente, como otros partidos, inclusive en los definidos como proletarios y marxista-leninistas, los efectos del proceso que estamos viviendo, máxime si se toma en cuenta nuestra trayectoria de más de cien años en la vida política".

"Uno de esos problemas es que subsisten los viejos métodos de lucha por el control de las directivas. En el caso de la Juventud Radical Revolucionaria —intensamente comprometidas sus bases y militantes con el proceso—, la lucha interior es agresiva, fuerte y, lógicamente, se expresa en decisiones que no guardan relación con el estilo tradicional del partido. Se da un hecho estadístico: hay expulsados de la JRR que aún hoy son militantes del partido, inclusive dirigentes o candidatos a parlamentarios".

"Espero, porque he trabajado en estos tres años con ese sector del partido, que estos fenómenos no reduzcan su capacidad combativa y la misión tan bien cumplida en estos últimos años de fuerte motor del avance ideológico del PR".

PF: Circula el rumor que hay interés en aplacar la corriente revolucionaria dentro de la UP, con el objeto de abonar el camino para un eventual entendimiento con el PDC ...

BT: "Este es un rumor en torno al cual no me pronuncio, pero sí puedo pronunciarme sobre la gravedad que está alcanzando, erróneamente, la lucha ideológica en el seno de la izquierda. Mientras la burguesía, con absoluta claridad y sentido de clase, tiene un mando central, una dirección central impuesta desde afuera, que logra imponer la unidad de acción por sobre aparentes contradicciones que entre sus partidarios hayan, en el conjunto de la izquierda se introducen elementos que sólo provocan el enfrentamiento interno y una gran confusión en la clase trabajadora que le da lección tras lección a la superestructura directiva".

"Es del seno de la clase trabajadora, del pueblo, en su conjunto, de donde han surgido las grandes batallas unitarias y sus instrumentos, como por ejemplo la creación del Partido Federado de la Unidad Popular".

"En el paro patronal de octubre, fueron los obreros y los campesinos quienes concibieron correctamente la teoría de los frentes patrióticos, expresando, en la práctica, la alianza de clase que con su conducción puede derrotar y derrotó en el hecho el paro patronal, como también en el 4 de marzo los planes de la burguesía".

"No creo tampoco en que cada partido o movimiento tenga derecho a imponerle la estrategia y la táctica al conjunto de la izquierda. En la discusión está el momento correcto para exponer las diferencias, para luego de haber alcanzado el consenso golpear en un mismo sentido al enemigo interno y externo".

"Más grave aún es el método de buscar aliados circunstanciales para tratar de imponer ideas, provocando el divisionismo en las filas del pueblo. Me defino y trato que mi partido asuma la misma actitud como campeón de la unidad, porque en esta materia no hago sino recoger las experiencias que todas las revoluciones socialistas han entregado hasta el presente".

"No se trata de un esquema ideal ni que esté por cualquier clase de unidad; se trata de la unidad con mayúscula de todos los revolucionarios y partidarios de construir en Chile una patria socialista".

PF: ¿Cuál es su juicio en torno al PIR y a la DR?

BT: "La opinión pública, a despecho de una gigantesca campaña publicitaria, sancionó con claridad e implacablemente a esos dos grupos de la política chilena. Un dirigente no puede agregar nada más, sino interpretar el veredicto de las urnas que literalmente barrió a esos dos grupos políticos del cuadro del Parlamento en castigo a los zigzagueos, al oportunismo, a la ambigüedad y a las traiciones".

PF: ¿Cuáles son las tareas que debe emprender la UP después del 4 de marzo?

BT: "Del casi 44% obtenido por el pueblo en las urnas nace una nueva gran etapa del proceso revolucionario chileno. No hay nada que excuse, a partir de este respaldo, el cumplimiento integral del Programa pactado con el pueblo. Inclusive, si tomamos el hecho que los votos obtenidos por la oposición no pueden ser interpretados, respecto del Programa, como una totalidad en contra, grandes sectores engañados por la reacción y sus medios de comunicación y por algunos de nuestros errores y golpeados por los graves problemas objetivos que los aquejan, deben volcarse hacia el cumplimiento del Programa popular si los sacamos del engaño, si superamos nuestros errores y llevamos adelante, sin transar, el cumplimiento de las grandes metas fijadas".

"Los observadores internacionales de todos los sectores de la opinión pública así lo han comprendido y, en el exterior, nuestros amigos y nuestros enemigos han reconocido la gran victoria y respaldo obtenido por el presidente Allende y por el pueblo. No sería la primera vez que los protagonistas de un proceso no se dieran cuenta —como se dan cuenta los observadores— de la propia grandeza de su lucha".

PF: ¿Qué juicio le merecen los sectores revolucionarios que están por el socialismo, pero que se encuentran fuera de la Unidad Popular?

BT: "He sostenido permanentemente y de las anteriores observaciones a sus preguntas se desprende con absoluta claridad, la necesidad de la unidad de todas las expresiones y organizaciones del pueblo, sus partidos, sus centrales obreras, sus agrupaciones laborales, etc., en pos de la gran meta que no es otra, y lo repito, que la construcción de una sociedad socialista en Chile. Nadie puede quedar al margen de esta gran tarea ni nadie tiene el derecho de marginar a quienes estén dispuestos a cumplirla por sobre las discrepancias tácticas o las exégesis ideológicas que generen grupos diferentes".

BENIGNO RAMOS A.

Recuperado de: http://www.blest.eu/inf/PF180.html

Recuperando nuestra historia: La larga marcha de los radicales (Edición Nº 178, 27 de febrero de 1973)

                                                                                                                                            PUNTO FINAL 
                                                                                                                                           Año VII. Nº 178 
Martes 27 de febrero de 1973


Tribuna

LA LARGA MARCHA DE LOS RADICALES

EL radicalismo es un movimiento de larga -y obstinada- presencia en el panorama político chileno. Con altibajos, ha tenido permanencia parlamentaria y electoral a través de más de 100 años.

Durante esa trayectoria, podríamos observar dos "épocas" muy diferentes: el período del parlamentarismo liberal, de la democracia burguesa "pura", en que el PR mantiene cierta homogeneidad al no enfrentarse con los problemas básicos de la sociedad. Extenderíamos este período hasta la década de los años 30, en que la agudización de los conflictos sociales y el surgimiento poderoso del movimiento obrero, comienzan a develar las profundas contradicciones de clase que conlleva el radicalismo.

Numerosos militantes no apoyan a Aguirre Cerda, asustados por el posible carácter del programa y la alianza con partidos obreros. En el transcurso del gobierno frentepopulista afloran con mayor claridad las diferencias; en el período de Ríos la crisis es evidente, para explotar en el lapso inmediato.

LA GRAN TRAICIÓN

Con González Videla culmina el camino del radicalismo hacia la trinchera de clase de la burguesía. Responsabilidad personal y de la poderosa fuerza reaccionaria infiltrada en el partido. Vendrán, entonces, largos años de lucrativa comisión de servicios a la oligarquía, con leves esbozos de grupos que propician algunos compromisos reivindicativos con la clase obrera.

Pero aún el PR debe participar en el gobierno ultraderechista de Alessandri, integrando el "frente democrático". La descomposición del mismo deja al PR en uno de sus peores momentos, con un candidato presidencial —Durán— que no sólo constituye un "saludo a la bandera", sino que un pingüe negocio para sus gestores y una ayuda poderosa al imperialismo y la reacción criolla.

El desastre electoral fortalece a quienes luchan por llevar el partido a la izquierda; entre ellos, están los que anhelan una definición de clase; también políticos ambiciosos que ven el viaje a la izquierda como una manera de construir el "partido grande" que colme sus aspiraciones personales amparadas en la "garantía y aval de la democracia chilena".

La convención de 1965 lo lleva a la "neutralidad", abandonando el frente democrático. Surge la tendencia de "constituir una nueva alternativa entre los extremos"; la "gran fuerza centrista", etc.

Será esa misma época el punto de aglutinamiento del primer grupo que adquiera conscientemente definición de clase, con un método de análisis científico —el materialismo histórico—, dotado de estrategia propia y de un programa profundo de acción interna y externa. Así, del seno de la añeja Juventud Radical, surge —con características políticas propias— la Juventud Radical Revolucionaria.

COMPROMISO CON LA REVOLUCIÓN

Desde el primer momento, la naciente JRR declara que "primero está el compromiso con la clase obrera y la revolución, tras el socialismo, y después cualquier ligazón partidaria". Consciente del peligro que constituye para jóvenes de incipiente formación ideológica y política el cúmulo de vicios reunidos por el viejo partido, se dota el surgente movimiento de una estructura orgánica, sólida e independiente del aparato oficial.

La novel dirección de la JRR aumenta su influencia en el radicalismo, arrastrando sectores adultos —trabajadores y mujeres— que encuentran una identificación de clase, aunque coexistiendo como "aliados tácticos" con elementos oportunistas que con el tiempo mostrarán su verdadero rostro político.

Al hacerse más violento el enfrentamiento interno y lograrse "la unidad de la izquierda" surgen las primeras deserciones: Durán y Cía. constituyen la Democracia Radical.

Con tal necesaria depuración, el radicalismo se suma a la naciente Unidad Popular: presenta un precandidato —Baltra— a la mesa redonda; participa tibiamente en la redacción del programa presidencial; aporta algo en el trabajo electoral del candidato Allende.

Indudablemente no estuvieron todos los que eran; los que no se jugaron, pronto rebelarían su naturaleza reaccionaria. La depuración distaba mucho de terminar.

DESPUÉS DE 1970, NUEVAS CONDICIONES

A partir de los resultados de septiembre de 1970, se presentan nuevas condiciones para el movimiento popular chileno. Ha sonado la hora de concretar el programa, derribar instituciones del sistema burgués, herir intereses de la burguesía, golpear al imperialismo, abrir las bases para la construcción socialista, entregar el poder a los trabajadores y sus vanguardias de clase.

Este camino es el escogido, señalado y apoyado por las masas. Este camino es temido por los vacilantes, reformistas y oportunistas.

De nuevo el radicalismo criollo, sacudido por su "sino pluriclasista", se inquieta; conversa con sectores extra Unidad Popular; fragua la nueva traición; pretende llevarse hasta el timbre y la campanilla junto a los enemigos de la clase trabajadora que lesiona con profundidad sus intereses.

Se nacionalizan riquezas básicas; se expropian industrias constituyéndose el área social; se interviene la banca privada; se agiliza y profundiza la reforma agraria. Se dan otros pasos que, de conjunto, van golpeando al imperialismo y la burguesía nacional monopolista. El oportunismo, que no esperaba esto, se desespera, ya que confiaba en la tradición de olvidar, frenar o traicionar los programas electorales. No podía cumplir, a cabalidad, su tarea de "caballo de Troya" en el movimiento popular. El imperialismo notifica a Bossay que ha ido demasiado lejos; al "profesor" Baltra que reniegue de su pasado; que hay que derribar a Allende y acumular fuerzas "democráticas". Debían poner al radicalismo al servicio de la reacción, sin reparar en gastos.

Es necesario anotar otro hecho; en los primeros meses de gobierno, numerosos militantes, incluyendo la "brigada 5 de septiembre" de frondosa composición, accedieron a cargos en la Administración Pública. De inmediato conformó un grupo de poder interno fortalecido por su poderío económico e influencia burocrática.

En la convención radical de 1971, los reaccionarios se juegan por entero, para cumplir el mandato del imperialismo, topándose con el bloque JRR-trabajadores, por una parte, y con el sector de funcionarios, por otra. Sus objetivos, huelga decirlo, conocían diferentes motivaciones. La burocracia, ganada por las prebendas que entrega la alta situación administrativa, se juega incluso agresivamente contra los neorreaccionarios de Bossay, Baltra y Cía., actitud que habrían de rectificar con brusquedad. Su rol comienza a surgir, con evidencia, en la actualidad.

Mientras tanto, el "proceso chileno" continúa. Pasada la euforia inicial comienzan los problemas. La reacción, utilizando los cuantiosos recursos del imperialismo, crea problemas al gobierno. Este pierde ofensiva; no entrega participación directa a los trabajadores. La situación es tensa; se agudiza de día en día; el enfrentamiento de clases gana cuerpo. Para los radicales, de corte antiguo, los tiempos corren tempestuosos; les hace pensar, nuevamente, en el abrigo del "partido grande".

CONVENCIÓN DE LA "UNIDAD"

En el verano de 1971, los reaccionarios enquistados y el frondoso oportunismo convocan a una convención extraordinaria; los motiva la "unidad" basada en el cambio sustancial de los términos, contenidos y objetivos de la Declaración de Principios, pretexto político que diera nacimiento al PIR.

La coincidencia ideológica y de intereses de quienes, circunstancialmente, se ubican en trincheras distintas, se hace cada vez más manifiesta.

El retiro del PIR del gobierno —producto de su estrecha relación con los intereses de la reacción y el imperialismo— provoca la ruptura formal entre aquellos que, compartiendo sus posiciones, se resisten a abandonar sus "responsabilidades ejecutivas" y la cuota de poder que ejercen y quienes, por convicción de clase, complotan contra el intento de avanzar hacia la transformación profunda del sistema capitalista.

Frustrados los intentos unitarios, el radicalismo queda en la indefinición, sin tácticas ni estrategias evidentes, salvo las granjerías personales. Se conserva el equipo dirigente, integrado por los mismos que, horas antes, planeaban la traición al gobierno, a la Unidad Popular, a la clase trabajadora, al intento de derribar estructuras obsoletas e iniciar la vía hacia el socialismo.

Cuando el movimiento popular analice sus errores, condene el burocratismo y la ineficiencia, la venalidad y el lastre de muchos hombres de gobierno, tendrá que detenerse a pensar en aquellos de posiciones tan controvertidas, tan distantes de una honesta posición revolucionaria.

PANORAMA EN MARZO DE 1973

A tres años de Administración, el proceso se topa con dificultades evidentes; algunas, acción del sabotaje derechista, y otras, fruto de las propias vacilaciones de la alianza de clase que es la Unidad Popular. Y la mano del imperialismo y sus agentes, siempre presente, viva, ágil, cohesionadora, ofensiva.

Las elecciones de marzo —como resultado de la estrategia de la propia UP—, son una dura prueba para el movimiento popular. Por ende, para el cuantitativamente debilitado partido Radical. Conscientes de ello, los afanes "unitarios" resucitan. Su primer intento público se da en La Serena. El traidor Gabriel González se abraza con Baltraidor; el péndulo llora en el pecho del hombre de las textiles; Duran y Bossay olvidan resquemores para salvar la democracia y la institucionalidad... La máquina comienza a caminar.

Los sectores revolucionarios del radicalismo se ponen en pie de alerta. Temen una nueva coyuntura que materialice los fallidos Intentos de hace un año. Sobre todo, sin olvidar que los protagonistas son los mismos. Los mismos que trataron de impedir el acceso al gobierno; los mismos que han frenado el proceso; los mismos que conversan con la DC y el PN; los mismos amanuenses del imperialismo y la burguesía, distribuidos en los tres segmentos del radicalismo.

A nuestro juicio, la depuración no ha terminado. Ella, debe darse ahora. Después no habrá tiempo para arrepentimientos ni lamentaciones. Si el radicalismo, o los que tienen clara definición de clase, que están por la revolución y el socialismo, desean aportar o estar en el proceso, deben reagruparse. No en torno a los traidores de siempre, sino junto a la clase obrera, a sus vanguardias, para defender y profundizar la experiencia chilena que construya efectivamente la nueva sociedad.

FRANCISCO PÉREZ

Recuperado de: http://www.blest.eu/inf/PF178.html

Recuperando nuestra historia: Renuncia de Patricio Valdés al Partido Radical (Edición Nº 152, 29 de febrero de 1972)

                                                                                                                                            PUNTO FINAL 
                                                                                                                                            Año VI. Nº 152 
Martes 29 de febrero de 1972


Entrevista

LA CRISIS RADICAL

El 12 de febrero pasado renunció a la primera vocalía del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Radical, como asimismo, a la militancia partidaria,Patricio Valdés Bastías. La decisión de Valdés causó sorpresa en los medios políticos, ya que casi veinte años de permanencia en el PR, lo habían caracterizado como un disciplinado militante, si bien lleno de una ardiente convicción revolucionaria y socialista. Precisamente en esa circunstancia se ubicó la causa de la renuncia de Valdés, quien ahora, en una entrevista concedida a PF, explica personalmente su decisión, a la vez que, de paso, analiza la crisis que afecta al radicalismo y sus proyecciones.

1.—¿Cuáles son las razones que lo impulsaron a renunciar, indeclinablemente, al PR después de casi 20 años de militante?

Durante casi 20 años de militancia, ingresé en abril de 1952, siempre albergábamos la idea que el radicalismo podía superar una serie de dificultades internas, producto de su composición social y permanente indefinición política trascendente. A tal tarea entregamos esfuerzos cotidianos, conscientes de la necesidad de su aporte en un proceso unitario que, tomando vitales transformaciones revolucionarias, lo entroncara en la tarea estratégica de construir la sociedad justa, humana y digna redimisiva de los expoliados de nuestra tierra: el socialismo.

Numerosas convenciones internas fueron sucediéndose, a parejas con los apetitos voraces de sus estructuras de poder estratificadas desde el cuerpo parlamentario, con apoyo directo de elementos latifundiarios de la zona central y sur, de beneficiarios de la mediana minería o vinculados a la explotación saqueadora de sectores empresariales con enorme caudal financiero e influjo en la prestación del crédito bancario.

No obstante la gravitación que tales elementos tenían en la vida interna, en los eventos máximos de 1967, 1969 y 1971 se dieron grandes pasos definitorios, produciéndose una profunda pero no total decantación humana e ideológica. Fundamental en 1971. Allí, por sobre las presiones de los sectores tipificados los radicales que habían trabajado por el triunfo electoral del programa popular contribuyendo al triunfo de Allende, se dieron una línea clara de manera soberana, ausente de balbuceos transaccionales, con científica concepción del rol, funciones y devenir del radicalismo.

Por desgracia, tan auspiciosos acuerdos, necesarios para la vigencia y proyección del radicalismo, quedaron reducidos a su expresión escrita.

La actual directiva, encabezada por el diputado Carlos Morales, ha sido incapaz de proyectar creadoramente dicho cuerpo conceptual, dejándolo sin la adecuada instrumentalización, incomunicándose con las bases, ayuna de concepciones tácticas y estratégicas necesarias para su accionar partidario—referido al Gobierno Popular. Ello, sumado a un coqueteo inefable pero sin contrapartida con los elementos escindidos del radicalismo, nos llevó a la determinación indeclinable de alejarnos de una colectividad única, cuya vigencia es importante, siempre y cuando logre recuperarse del marasmo en que se debate, levantando dignamente sus banderas de redención social, impregnadas en la causa de la revolución y el socialismo.

2.—¿A su juicio, cuáles son las causas de la actual crisis interna en que se debate el PR?

Ya hemos indicado algunas en el esbozo anterior. Creemos posible destacar otras.

La gestación de la directiva actual del Partido surgió luego de presiones ingentes, denunciadas en la propia Convención. Triunfó por escasos 68 votos. Era el triunfo del aparato funcionario, de los que defendían su participación administrativa en el Gobierno, de los "Unidad Popular 5 de Septiembre" que, frondosos, determinaban en el Partido más permeable de la combinación triunfante.

Así se consolidaba una crisis profunda, enmarcada en falta de dirección política, sin presencia real en la UP, el propio Gobierno y en los grandes centros de masas, con ausencia total de tácticas y estrategias que permitieran adelantar los objetivos centrales establecidos unánimemente en dicho torneo máximo. La desorientación ha cundido en las bases fomentando la indisciplina y el surgimiento de centros locales de poder que en nada contribuyen al fortalecimiento de una colectividad que como nunca cuenta con los elementos doctrinarios para entregar un aporte efectivo a la revolución chilena.

Por otro lado, so pretexto de ampliar la base social de sustentación del Gobierno, se incorporan elementos retardatarios, que ninguna entrega aportaron en la campaña presidencial salvo su negación; que difieren sustancialmente de los aspectos medulares del programa; que ambicionan mediatizarlo convirtiéndose en freno de las transformaciones revolucionarias del mismo, entronizándose en el movimiento popular por arriba. Sus consecuencias surgirán a la brevedad.

En esta situación, el radicalismo debió tener una presencia vigilante, ya que los conoce.
Sabe lo que significaron cuando eran sus miembros. Por el contrario, intentan una unidad que, teniendo en vista expectativas electorales, puede significar un rudo golpe a la causa de los trabajadores chilenos que han cifrado su esperanza en los profundos cambios que anhelan y por los cuales muchos de los suyos han caído.

Para nosotros, la alternativa es clara: socialismo o capitalismo, revolución o reformismo. El pretender crear una federación socialdemócrata es hacerle el juego a la derecha en su afán de aislar a la izquierda efectivamente revolucionaria; es volver al juego legislativo, negando la capacidad combativa de las masas; es perder la ofensiva entregando la iniciativa al electoralismo sin contenido.

Cuando el radicalismo entienda lo anterior, se desprenda del chaqueteo congénito, comprenda que sus militantes exigen más que la mera gestación de directivas para colocarlas al servicio de intereses personales, cuando se vincule a las masas en lugar de jugar roles burocráticos o administrativos, sólo entonces podrá recabar un lugar digno en la causa popular.

3.—La ausencia de esfuerzos por resolver esta crisis ¿tiene, según su opinión, algún origen concreto que permita definir a sus responsables?

En realidad, los esfuerzos han sido mínimos y se han limitado a lo meramente contingente. El PR no instrumentaliza sus acuerdos, no los baja a sus bases, no se masifica, no tiene criterios definidos para enfrentar o aportar en las diferentes áreas de acción actuales.

Su carácter pluriclasista lo hace adoptar posiciones ambiguas, contemporizadoras con los sectores internos constitutivos, incluso con aquellos que se han fortalecido luego del triunfo electoral presidencial. Sus responsables integran una mayoría amorfa, sin cohesión ideológica, populista, que coloca al Partido en beneficio personal y de los suyos, olvidándose que se trata de una colectividad, colectiva, que debiera estar al servicio popular, de sus luchas y esperanzas.

4—¿Cuál sería la solución a estos problemas que afectan al PR y qué papel le corresponde en ella a la JRR?

De acuerdo a lo que estableciéramos, "el radicalismo representa en la sociedad chilena un amplio sector de trabajadores, manuales e intelectuales. Pequeños y medianos empresarios progresistas de toda la gama de la actividad económica nacional, artesanos, profesionales, investigadores, estudiantes, artistas, empleados y obreros calificados, comerciantes, dueñas de casa que han ido poco a poco y cada día en mayor cantidad, arrancando la venda de sus ojos y comprendiendo que su puesto de combate está junto a sus hermanos de clase, el proletariado y el campesinado, para enfrentar todos al enemigo interno: la reacción y al enemigo externo: el imperialismo". (Convención XXV del PR).

Por su composición social, en la base, por lo que representa, por su lucha de estos últimos años, el radicalismo tendría un puesto real de vanguardia en el proceso de la revolución chilena.

La razón de su existencia futura, vigencia y proyección, están íntimamente vinculadas al papel que tendrá que jugar su vanguardia interna, que no sólo la conforman los militantes de la Juventud Radical Revolucionaria, sino un número bastante crecido de hombres y mujeres honestos que, como militantes, confían en la efectiva identificación popular de su colectividad.

Fuera voluntariamente, del radicalismo, se hace difícil entregar soluciones a los problemas. Podemos decir, no obstante, que la aplicación de los acuerdos, de su voto político y declaración ideológica; la estructuración orgánica diferente, dinámica y enraizada de los frentes de masas superando el jacobinismo de sus tradicionales asambleas; la designación de una directiva nacional y comisión política, ausentes de la representación funcionaria, nacidas y puestas al servicio de sus bases, con criterios definidos y comunes a todos sus militantes, desprendida de toda consideración oportunista y mediatizadora, que vaya más allá del caudillismo anárquico; son tareas vitalizadoras para cualquiera colectividad política. Sobre todo en el caso que nos preocupa.

Además, consideramos que la mentada unidad con los sectores escindidos, sería un retroceso fatal. Está minando al radicalismo aunque no encuentre réplica del grupo transaccional. Le ha hecho perder mística y confianza en sus propias fuerzas. En lugar de hacer un Partido nuevo, afincado en la validez científica de sus acuerdos recientes, mira como única manera de supervivencia, dicha unidad, que, surgiendo como salida electoral para algunos, puede significar, perspectivamente, la muerte del radicalismo, que se justifica del punto de vista histórico sólo por la puesta en aplicación de sus formulaciones revolucionarias.

Sin inmiscuirme, estimo que, como nunca, la JRR tiene un papel de vigilancia mucho más trascendental que en el pasado.

Su presencia debe fortalecerse en los cuadros medios y de base, críticamente, llevando el pensamiento sano y definido de un núcleo de jóvenes honestos que ven la única alternativa de militancia que puede resultar frustrante de mantenerse los marcos característicos de la actual crisis interna.

La próxima convención, organizada con todo el peso funcionario y oportunista, hace difícil una salida compatible con los intereses, anhelos y aspiraciones de un sector entusiasta que se vincula a las masas, trabaja en el campo, las fábricas, poblaciones y establecimientos educacionales tratando de forjar, artesanalmente, un partido comprometido con la causa popular.

Ya existen candidatos a presidentes, vices, vocales. Todo se distribuye a priori. Se habla de cambiar el voto político, de morigerar sus conceptos, de agradar a quienes ambicionan destruir el radicalismo revolucionario, hoy esencia misma del partido. Sigue el viejo estilo; los métodos caducos; las ambiciones y el personalismo se enseñorean. Nadie se preocupa de tener presencia efectiva en los centros de masas, donde nace y surge el Chile Nuevo. Nadie se inquieta por adelantarse a defender el Gobierno Popular. Nadie se motiva por transformar a éste en poder popular. ¡Qué importa el Partido y el cumplimiento irrestricto del programa, si me salvo personalmente...!

Recuperado de: http://www.blest.eu/inf/PF152.html 

Recuperando nuestra historia: Pregunta de la Juventud Radical Revolucionaria al Comandante Fidel Castro Ruz en su visita a Chile (Edición Nº 145, 30 de noviembre de 1971)

                                                                                                                                            PUNTO FINAL 

Año VI. Nº 145 
Martes 30 de noviembre de 1971


MODERADOR: La última pregunta corresponde al miembro de la Juventud Radical Revolucionaria.

PREGUNTA: Compañero Fidel Castro, el día de ayer usted se refirió, en el Estadio Regional, a que uno de los principales problemas que deben superarse en el proceso revolucionario es el sectarismo. ¿En qué forma supera o superó el proceso revolucionario cubano el sectarismo? ¿Cómo y dónde ve el sectarismo en sí?

FIDEL: Yo creo que los sectarismos son consustanciales a todos los procesos y están presentes como el resfriado (Risas). Así que, yo creo hay que darle un tratamiento, tomar conciencia de él. Tomar conciencia, y yo he tomado conciencia de lo que es, en qué consiste, los problemas que pueda tener. Esto independiente de los puntos de vista ideológicos y de las posiciones ideológicas.

Porque comprendo que haya análisis y más análisis y lucha por encontrar la mejor solución que hay que discutir y tratar mucho. Pero, es casi consustancial de una fase del proceso. Yo creo que nosotros seríamos idealistas si creemos que no va a haber ningún sectarismo, que en ninguna organización en general va a haber sectarismo, lo va a haber en todas. Nuestra organización era sectaria. Teníamos: los que estábamos en el Llano, los que estábamos en la Sierra y a veces no coincidíamos y teníamos discrepancias y problemas, todo ese tipo de cosas. Yo creo que es como el resfriado, nosotros seríamos idealistas si decimos: no va a haber. Yo creo que debemos tomar conciencia de que existe, de las consecuencias que acarrea y de la necesidad de luchar contra el sectarismo. Pero hay una cosa peor, la necesidad de luchar contra la desunión. Yo no digo que si se pretenda unificar los criterios, eso no sería realista, pero que sería imperioso para toda la izquierda buscar de alguna manera acuerdos sobre los puntos fundamentales que tienen que ver con el presente y el futuro de Chile, bueno, eso es inobjetable. Yo digo, verdad, que cualquier cosa sería lo más importante, lo más decisivo, en medio de todos los problemas que puede tener el país. Y yo diría que esa izquierda, esa izquierda busque coincidir en las 4 ó 5 cuestiones esenciales del presente y el futuro del país. Si me fueran a preguntar, yo diría eso; en medio de todos los demás problemas, porque yo sí sé que todo proceso social, político, revolucionario es muy complicado y es muy difícil, y encima de eso, muchas energías se dispersan, y encima de eso, las consecuencias pueden ser muy dañinas para el proceso. Es todo lo que yo, a grandes rasgos, quisiera responder a esa pregunta; en conversaciones más intimas, yo puedo extenderme más en análisis, en argumentos, en criterios si me hablan sobre este tema.

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Recuperando nuestra historia: PR se ubica y el PDC elude la desintegración (Edición Nº 31 PF, Junio de 1967)

                                                                                                                                            PUNTO FINAL 
Año I. Nº 31 
Junio de 1967


Política Nacional

PR SE UBICA Y PDC ELUDE LA DESINTEGRACIÓN

EL automóvil marchaba hacia la provincia de Colchagua, pero se detuvo momentáneamente en las inmediaciones de Rancagua. El senador radical Hermes Ahumada, uno de los viajeros, se bajó a orinar. Su correligionario el diputado Carlos Morales Abarzúa intentó hacer otro tanto, pero la mano presta del senador Luis Bossay le retuvo. —Quédate, Alberto y yo tenemos que decirte algo. Tú debes ser nuestro candidato a Presidente del Partido Radical en la próxima Convención Nacional.

Alberto era el profesor universitario Alberto Baltra, figura destacada del sector avanzado del radicalismo.

Así partió la candidatura de Izquierda del diputado Carlos Morales, la que no alcanzó a cumplir un mes de vida. El parlamentario debió transarla para ceder el paso a Hugo Miranda que tiene "más derecho" para ser Presidente, porque es senador, aunque no pertenece al ala izquierdista del Partido.

Los senadores radicales tienen un trato especial entre sus correligionarios y merced a ello, Hugo Miranda, abogado, 48 años, amigo personal del ex Presidente de la República, Gabriel González Videla, el mismo que persiguió al Partido Comunista que contribuyó a llevarle al poder, se convirtió en candidato del mayoritario sector izquierdista del radicalismo.

Hasta el instante en que fue elegido por esa corriente, nadie sabía en Chile que el senador Miranda estaba vinculado al sector izquierdista. Un dirigente del CEN del ala avanzada aclaró el asunto, con claridad radical:

—En 1965 estuvimos a punto de conseguir el poder en el Partido, pero nos faltó un poco de fuerza y debimos admitir la Presidencia de Humberto Enríquez, quien se demoró escasas horas en escamotearnos la orientación para llevar al radicalismo hacia la línea de independencia. Ahora somos más fuertes, pero tampoco tenemos la capacidad para elegir un Presidente nuestro.

Desde 1965, el Partido Radical se debatió entre su sentimiento izquierdista y anti-democristiano y las posiciones individualistas de su Presidente. Entre barquinazo y barquinazo, el radicalismo permitió al Gobierno obtener los convenios del cobre, conforme a los deseos de las empresas norteamericanas que explotan el metal chileno; pero también le impidió al Presidente Frei viajar a Estados Unidos. Con la oposición del presidente Enríquez, el radicalismo formó Mesa en el Senado colocando al frente de ella al senador socialista Salvador Allende, y al senador social-demócrata Luis Fernando Luengo. Con esa misma oposición el radicalismo decidió apoyar a la candidata senatorial del Partido Socialista, doctora María Elena Carrera, en la lucha de las provincias de O'Higgins y Colchagua, que culminó el domingo 11 de junio con su elección.

A las 20 horas de ese domingo, el senador Hugo Miranda sabía que no sólo estaba asegurada la elección de la doctora Carrera, sino que su propia candidatura presidencial en el radicalismo. Si ella hubiese triunfado con una votación inferior a la obtenida por los Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata en la elección municipal del 2 de abril, se habría impuesto la tesis de Humberto Enríquez que se anticipó a anunciar que posiblemente los radicales respetarían la orden de Partido, la que no alcanzaría a los amigos que votan por el radicalismo.

La votación de la doctora María Elena Carrera no produjo euforia en el Partido Socialista. Por momentos parecía que la victoria sólo pertenecía a los radicales que se mostraban satisfechos.

Algunos atribuyeron la alegría radical a su vinculación con un triunfo después de tantos años de amargas derrotas. Otros se atrevieron a señalar que los radicales se regocijaban por su ascenso como fuerza política, fenómeno que los vuelve a tornar disputados.
LA UBICACIÓN RADICAL

La última interpretación tiene base relativamente objetiva. El lunes 12 de junio fue fácil advertir entre los dirigentes radicales, de las diversas tendencias, que el triunfo colectivo no les había conmovido tanto como su participación directa en el triunfo socialista. Desde ese día la dirigencia radical se ha mostrado fría frente a sus temporales aliados de la Izquierda.

Se han registrado algunas declaraciones aisladas de personeros, como las del diputado Carlos Morales Abarzúa, que han expresado buena disposición hacia una potencial alianza radical-FRAP, pero la mayoría de los dirigentes sostiene que "no será fácil imponerle al Partido un contacto más estrecho con la Izquierda".

Aun cuando falta algo para el comienzo de la Convención Nacional del radicalismo, se puede anticipar que de ella surgirá una posición de independencia que dejará conformes a todos los convencionales. Ella no indicará un propósito aislacionista de los radicales, sino que por el contrario demostrará el ferviente deseo de buscar una combinación, que mejor compense el aporte del Partido.

El Partido Radical, una vez más, ha logrado colocarse en una situación expectable dentro de la política chilena. Eso explica el interés de diversos personeros que se alejaron de su colectividad, después del fracaso de la postulación del senador Julio Durán, por reincorporarse a ella, con ambiciones dirigentes. Un ex diputado radical definió la situación así: "Ahora da gusto volver al Partido".

Los dirigentes saben que cada vez que el Partido es orientado hacia la Derecha se produce un descenso de su clientela electoral. Una encuesta realizada en 1966 permitió apreciar la composición básica del radicalismo, caracterizada por su acento pequeño-burgués, que se orienta hacia posiciones de Izquierda. No obstante esa realidad no les impide llevar al Partido hacia la Derecha, como ocurrió bajo el Gobierno conservador de Jorge Alessandri.

El embajador de Estados Unidos en Chile sabe el papel importante que desempeña el radicalismo dentro del cuadro electoral criollo. Eso explica su afán por aproximarse a personeros radicales, a los cuales momentáneamente abandonó, convencido que el Partido Democristiano gobernaría Chile por 30 años cuando menos.

UN ATAQUE INSPIRADO

Para el Departamento de Estado sería importante que el radicalismo colaborara con el actual Gobierno para ampliar su plataforma, reducida por las actitudes sectarias de la Democracia Cristiana y por sus arrestos fascistizantes, pero, consciente que esa aproximación es de difícil maduración, se conforma con impedir la consolidación de un desplazamiento hacia la Izquierda.

El Presidente Frei coincide con el enfoque norteamericano. Ello explica que los órganos de la empresa "El Mercurio" que apoyan a su Gobierno, insistan en derribar la actual Mesa del Senado, para cortar el contacto que allí se plantea entre FRAP y radicales. En general todos los medios de prensa pro-gobiernistas atacan al Presidente del Senado, Salvador Allende, socialista, con el mismo propósito.

En repetidas ocasiones, Frei ha dicho en conversaciones políticas, que le agradaría contar con el aparato administrativo de los radicales y en los últimos días ha tentado a algunos personeros de ese color político, como Raúl Rettig, ex Presidente del Partido; el Decano de la Facultad de Derecho, Eugenio Velasco, etc.

Si cualquier radical o ex radical aceptara integrar una combinación ministerial, el Presidente Frei habría conseguido dos objetivos: sonreírle al Partido Radical y desplazar un poco al Partido Democristiano, al que responsabiliza de los errores de su Administración.

Una aproximación al radicalismo daría a La Moneda un barniz izquierdizante al mismo tiempo que le proporcionaría una llave de contacto con ciertos sectores de Derecha, a los cuales desea atraer. En ningún momento llamaría al Partido Nacional, porque sabe que hay un problema pasional entre sus miembros y los democristianos, y ademáis porque eso teñiría de inmediato a su Gobierno. En cambio un barniz radical, tenue, le daría un buen tono a los virajes que desea realizar.

El Presidente Frei, como todos los políticos criollos, burgueses, que llegan a La Moneda, anhela independizarse de los que le llevaron al poder. Para él es más cómodo el trato directo con los políticos o los hombres de la empresa privada, que tanto estima, pero está consciente que su Partido le impone ciertas exigencias que le coartan la libertad de movimientos.

En vísperas de la redacción de su Mensaje al Congreso, Frei consultó a los hombres de la empresa privada y olvidó hacerlo con personeros de su Partido.

En el momento actual el Presidente Frei considera indispensable mejorar el trato con los primeros y alejarse lo más posible de los segundos.

Los democristianos insisten en que intente hacer algún cambio, en los momentos en que el Primer Mandatario esta convencido que lo único que puede salvar a Chile es el aumento de la producción y la entrada masiva de capitales extranjeros, especialmente norteamericanos.

Los antecedentes que posee La Moneda le permiten apreciar el comienzo de un proceso de recesión económica, que se caracteriza por el descenso de la producción industrial, la baja de las ventas y el aumento de la cesantía.

Los círculos económicos privados comentan las estadísticas y las deploran y de ellos surgen periódicamente rumores alarmistas en los que no se olvida el anuncio de un peregrino "golpe de Estado".

La Moneda sabe que el descenso del Partido Nacional, vuelve a desesperar a sus dirigentes, los cuales pueden incubar toda suerte de febriles pensamientos.

En el seno del Partido Democristiano también hay conciencia del comienzo de la crisis. La Comisión Político-Técnica del PDC, que preside Jacques Chonchol, puede llegar a conclusiones contrarias a la orientación que Frei impone a la política económica.

Informaciones de buena fuente dicen que Frei no considerará el recetario de sus correligionarios, porque ya tiene preestablecida su estrategia para el resto de su mandato.

El rechazo dejará en inconfortable posición a los llamados "rebeldes" de la Democracia Cristiana, pero es aventurado decir que ese traspiés obligará a éstos a precipitar la división de la colectividad.

DESINTEGRACIÓN DE LA DC

El Partido Democristiano ha sido tomado ya por el amor al poder, y sus parlamentarios no pueden descuidar la reelección en 1969. La división por motivos doctrinarios debe descartarse. Es más probable la desintegración de la colectividad.

Al frente de este cuadro está la Izquierda chilena, y el futuro del país.

La coexistencia pacífica con el Partido Democristiano en el poder no ofreció ninguna de las ventajas que se esperaron. La oposición puede deparar dividendos electorales en 1969. Lo que parece esquivo es la conquista del poder para la Izquierda.

El diputado democristiano José Isla, ya ha anticipado las características de la lucha presidencial de 1970, con su llamado a todas las fuerzas que deseen derrotar al marxismo. El llamado también está dirigido al Partido Radical.

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Recuperando nuestra historia: Profundizar la conducción revolucionaria - Entrevista a Alejandro Montesinos (Edición Nº 187 PF, 3 de julio de 1973)

                                                                                                                              PUNTO FINAL Nº 187 
Año VII- Martes 3 de julio de 1973


Entrevista

PROFUNDIZAR LA CONDUCCIÓN REVOLUCIONARIA

PUNTO Final entregó un cuestionario sobre la actualidad política al dirigente de la Juventud Radical Revolucionaria, Alejandro Montecinos, cuyas respuestas son las siguientes:

PF: ¿Puede hacer una caracterización del momento político actual?

A.M.: "Para nosotros la situación política de hoy, está marcada por una agudización extraordinaria —y positiva— de las tensiones de clase en nuestro país.

Desde luego, no es posible declararse optimista por principio, pero creemos que ha sido la propia aplicación del Programa de la Unidad Popular, la que ha ayudado fuertemente a crear las condiciones para una definición.

Con ello no queremos significar que todo ande bien para la clase trabajadora. Nos parece que ha sido en los últimos tiempos la propia derecha la que ha tomado más bien la iniciativa, reaccionando como bestia herida en sus más caros intereses, propiciando salidas de fuerza al empate político, bajo un ropaje y un lenguaje que pretende ser legal y jurídico.

Asistimos a una ofensiva patronal, que ha encontrado apoyo en pequeños grupos y sectores de trabajadores equivocados y, esto último, también es responsabilidad de la relativa desmovilización de la UP.

Frente a ello es necesario lanzar una contraofensiva revolucionaria, y nos parece que el exitoso paro nacional ordenado por la CUT es, desde luego, un paso positivo e importante. Sin embargo, creemos que no se trata de movilizar a los trabajadores sólo para "salvar situaciones de peligro" sino para iniciar con ellos, un movimiento que efectivamente aplasta a la derecha en todas sus pretensiones. 

Podemos decir que se ha iniciado la contraofensiva revolucionaria; ahora es necesario desarrollarla mucho más, darle un efectivo sentido revolucionario. Entender que hoy más que nunca es necesario ser consecuentes con aquellos que señalara el propio Presidente Allende al iniciar su gobierno: "Lucharemos por el poder, desde el gobierno y desde las masas".

MAS CONCIENCIA

PF: ¿Cuál es su juicio sobre la conducción política del proceso? ¿Qué fallas advierte? ¿Hay responsabilidad del PC y PS?

A.M.: "Nosotros pensamos que durante bastante tiempo, de manera equivocada, se ha desplazado la vanguardia: desde la UP hacia el gobierno. Por ejemplo, ello trajo como consecuencia la muerte de los CUP y una desmovilización generalizada. Pareciera ser que hay mayor conciencia al respecto y el defecto tiende a corregirse y esperamos que así sea.

Esto naturalmente trajo aparejada una absoluta carencia de dirección política real, y a los embates de la derecha y al sabotaje imperialista, se unía a veces la propia ineficiencia.

No sólo eso, sino también una visión absolutamente superestructural en que muchas y muchas decisiones se tomaron a espaldas de las masas, provocando grave daño al movimiento popular.

No ha habido un real ordenamiento de los problemas por solucionar y muchas veces se ha atacado frentes en que se ha sufrido reveses. Vea Ud. el caso de la ENU que terminó siendo "el parto de los montes" y que en nada ayudó al movimiento estudiantil revolucionario, pues se terminó transando e incluso con desventajas.

Si se pueden definir fallas, al tiempo que necesidades, nosotros decimos que lo que aquí se requiere es una conducción política real, que arroje por la borda los asomos de reformismo, que oriente e impulse la acción de las masas y que haga claridad en el pueblo respecto de todo lo que falta para definir el triunfo de la revolución.

Si se trata de definir responsabilidades, debo señalar que nosotros nos sentimos solidarios de todo cuanto ha acontecido y no podemos eludir nuestra propia responsabilidad. Lo contrario sería oportunismo y creo, que ningún grupo revolucionario en Chile, dentro o fuera del gobierno, puede desligarse de lo que ha ocurrido y absolutamente todos ellos tienen una responsabilidad, sea frente al gobierno sea frente a las masas.

Desde luego, creo que en las actuales circunstancias del proceso chileno, los llamados partidos obreros (es decir PC y PS) tienen la responsabilidad de entregar una objetiva conducción al proceso.

 No se trata de definir a presuntivos "hermanos mayores" sino de consecuencia revolucionaria: la clase obrera tiene como tarea histórica dirigir el proceso; ser la fuerza "motriz" y ese papel no puede ni debe eludirlo, partido alguno que sea obrero, ni aún bajo el pretexto de las conveniencias partidarias.

EL VERDADERO PODER POPULAR

PF: ¿Cuál es su opinión sobre los Cordones Industriales y otras organizaciones que se ha dado el pueblo?

A.M.: Desde luego apoyamos los Cordones Industriales en la medida en que son representativos de los intereses políticos de los trabajadores. Sin duda han sido una experiencia positiva que permite recoger con mayor intensidad que en otros casos la capacidad de iniciativa de nuestro pueblo. 

Deben ser la expresión de la unidad en la acción, de los sectores más amplios de los trabajadores.

En general las organizaciones que se ha dado el pueblo, surgen en especial superando los conceptos participacionistas tan caros al reformismo. Adquieren más bien el sentido y la dirección de un verdadero poder popular que está siendo el germen de una infraestructura revolucionaria que va enterrando la institucionalidad burguesa.

Sin embargo, pensamos que si bien deben ser alternativas del sistema capitalista como tal, no pueden ni deben plantearse como desligados del gobierno popular. Ello sería lo mismo que afirmar que este gobierno no representa los intereses de los trabajadores o que este es un gobierno capitalista más. Repetimos, "luchar por el poder desde el gobierno y desde las masas".

Benigno Ramos


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