martes, 29 de diciembre de 2015

Recuperando nuestra historia: PR se ubica y el PDC elude la desintegración (Edición Nº 31 PF, Junio de 1967)

                                                                                                                                            PUNTO FINAL 
Año I. Nº 31 
Junio de 1967


Política Nacional

PR SE UBICA Y PDC ELUDE LA DESINTEGRACIÓN

EL automóvil marchaba hacia la provincia de Colchagua, pero se detuvo momentáneamente en las inmediaciones de Rancagua. El senador radical Hermes Ahumada, uno de los viajeros, se bajó a orinar. Su correligionario el diputado Carlos Morales Abarzúa intentó hacer otro tanto, pero la mano presta del senador Luis Bossay le retuvo. —Quédate, Alberto y yo tenemos que decirte algo. Tú debes ser nuestro candidato a Presidente del Partido Radical en la próxima Convención Nacional.

Alberto era el profesor universitario Alberto Baltra, figura destacada del sector avanzado del radicalismo.

Así partió la candidatura de Izquierda del diputado Carlos Morales, la que no alcanzó a cumplir un mes de vida. El parlamentario debió transarla para ceder el paso a Hugo Miranda que tiene "más derecho" para ser Presidente, porque es senador, aunque no pertenece al ala izquierdista del Partido.

Los senadores radicales tienen un trato especial entre sus correligionarios y merced a ello, Hugo Miranda, abogado, 48 años, amigo personal del ex Presidente de la República, Gabriel González Videla, el mismo que persiguió al Partido Comunista que contribuyó a llevarle al poder, se convirtió en candidato del mayoritario sector izquierdista del radicalismo.

Hasta el instante en que fue elegido por esa corriente, nadie sabía en Chile que el senador Miranda estaba vinculado al sector izquierdista. Un dirigente del CEN del ala avanzada aclaró el asunto, con claridad radical:

—En 1965 estuvimos a punto de conseguir el poder en el Partido, pero nos faltó un poco de fuerza y debimos admitir la Presidencia de Humberto Enríquez, quien se demoró escasas horas en escamotearnos la orientación para llevar al radicalismo hacia la línea de independencia. Ahora somos más fuertes, pero tampoco tenemos la capacidad para elegir un Presidente nuestro.

Desde 1965, el Partido Radical se debatió entre su sentimiento izquierdista y anti-democristiano y las posiciones individualistas de su Presidente. Entre barquinazo y barquinazo, el radicalismo permitió al Gobierno obtener los convenios del cobre, conforme a los deseos de las empresas norteamericanas que explotan el metal chileno; pero también le impidió al Presidente Frei viajar a Estados Unidos. Con la oposición del presidente Enríquez, el radicalismo formó Mesa en el Senado colocando al frente de ella al senador socialista Salvador Allende, y al senador social-demócrata Luis Fernando Luengo. Con esa misma oposición el radicalismo decidió apoyar a la candidata senatorial del Partido Socialista, doctora María Elena Carrera, en la lucha de las provincias de O'Higgins y Colchagua, que culminó el domingo 11 de junio con su elección.

A las 20 horas de ese domingo, el senador Hugo Miranda sabía que no sólo estaba asegurada la elección de la doctora Carrera, sino que su propia candidatura presidencial en el radicalismo. Si ella hubiese triunfado con una votación inferior a la obtenida por los Partidos Comunista, Socialista, Radical y Social Demócrata en la elección municipal del 2 de abril, se habría impuesto la tesis de Humberto Enríquez que se anticipó a anunciar que posiblemente los radicales respetarían la orden de Partido, la que no alcanzaría a los amigos que votan por el radicalismo.

La votación de la doctora María Elena Carrera no produjo euforia en el Partido Socialista. Por momentos parecía que la victoria sólo pertenecía a los radicales que se mostraban satisfechos.

Algunos atribuyeron la alegría radical a su vinculación con un triunfo después de tantos años de amargas derrotas. Otros se atrevieron a señalar que los radicales se regocijaban por su ascenso como fuerza política, fenómeno que los vuelve a tornar disputados.
LA UBICACIÓN RADICAL

La última interpretación tiene base relativamente objetiva. El lunes 12 de junio fue fácil advertir entre los dirigentes radicales, de las diversas tendencias, que el triunfo colectivo no les había conmovido tanto como su participación directa en el triunfo socialista. Desde ese día la dirigencia radical se ha mostrado fría frente a sus temporales aliados de la Izquierda.

Se han registrado algunas declaraciones aisladas de personeros, como las del diputado Carlos Morales Abarzúa, que han expresado buena disposición hacia una potencial alianza radical-FRAP, pero la mayoría de los dirigentes sostiene que "no será fácil imponerle al Partido un contacto más estrecho con la Izquierda".

Aun cuando falta algo para el comienzo de la Convención Nacional del radicalismo, se puede anticipar que de ella surgirá una posición de independencia que dejará conformes a todos los convencionales. Ella no indicará un propósito aislacionista de los radicales, sino que por el contrario demostrará el ferviente deseo de buscar una combinación, que mejor compense el aporte del Partido.

El Partido Radical, una vez más, ha logrado colocarse en una situación expectable dentro de la política chilena. Eso explica el interés de diversos personeros que se alejaron de su colectividad, después del fracaso de la postulación del senador Julio Durán, por reincorporarse a ella, con ambiciones dirigentes. Un ex diputado radical definió la situación así: "Ahora da gusto volver al Partido".

Los dirigentes saben que cada vez que el Partido es orientado hacia la Derecha se produce un descenso de su clientela electoral. Una encuesta realizada en 1966 permitió apreciar la composición básica del radicalismo, caracterizada por su acento pequeño-burgués, que se orienta hacia posiciones de Izquierda. No obstante esa realidad no les impide llevar al Partido hacia la Derecha, como ocurrió bajo el Gobierno conservador de Jorge Alessandri.

El embajador de Estados Unidos en Chile sabe el papel importante que desempeña el radicalismo dentro del cuadro electoral criollo. Eso explica su afán por aproximarse a personeros radicales, a los cuales momentáneamente abandonó, convencido que el Partido Democristiano gobernaría Chile por 30 años cuando menos.

UN ATAQUE INSPIRADO

Para el Departamento de Estado sería importante que el radicalismo colaborara con el actual Gobierno para ampliar su plataforma, reducida por las actitudes sectarias de la Democracia Cristiana y por sus arrestos fascistizantes, pero, consciente que esa aproximación es de difícil maduración, se conforma con impedir la consolidación de un desplazamiento hacia la Izquierda.

El Presidente Frei coincide con el enfoque norteamericano. Ello explica que los órganos de la empresa "El Mercurio" que apoyan a su Gobierno, insistan en derribar la actual Mesa del Senado, para cortar el contacto que allí se plantea entre FRAP y radicales. En general todos los medios de prensa pro-gobiernistas atacan al Presidente del Senado, Salvador Allende, socialista, con el mismo propósito.

En repetidas ocasiones, Frei ha dicho en conversaciones políticas, que le agradaría contar con el aparato administrativo de los radicales y en los últimos días ha tentado a algunos personeros de ese color político, como Raúl Rettig, ex Presidente del Partido; el Decano de la Facultad de Derecho, Eugenio Velasco, etc.

Si cualquier radical o ex radical aceptara integrar una combinación ministerial, el Presidente Frei habría conseguido dos objetivos: sonreírle al Partido Radical y desplazar un poco al Partido Democristiano, al que responsabiliza de los errores de su Administración.

Una aproximación al radicalismo daría a La Moneda un barniz izquierdizante al mismo tiempo que le proporcionaría una llave de contacto con ciertos sectores de Derecha, a los cuales desea atraer. En ningún momento llamaría al Partido Nacional, porque sabe que hay un problema pasional entre sus miembros y los democristianos, y ademáis porque eso teñiría de inmediato a su Gobierno. En cambio un barniz radical, tenue, le daría un buen tono a los virajes que desea realizar.

El Presidente Frei, como todos los políticos criollos, burgueses, que llegan a La Moneda, anhela independizarse de los que le llevaron al poder. Para él es más cómodo el trato directo con los políticos o los hombres de la empresa privada, que tanto estima, pero está consciente que su Partido le impone ciertas exigencias que le coartan la libertad de movimientos.

En vísperas de la redacción de su Mensaje al Congreso, Frei consultó a los hombres de la empresa privada y olvidó hacerlo con personeros de su Partido.

En el momento actual el Presidente Frei considera indispensable mejorar el trato con los primeros y alejarse lo más posible de los segundos.

Los democristianos insisten en que intente hacer algún cambio, en los momentos en que el Primer Mandatario esta convencido que lo único que puede salvar a Chile es el aumento de la producción y la entrada masiva de capitales extranjeros, especialmente norteamericanos.

Los antecedentes que posee La Moneda le permiten apreciar el comienzo de un proceso de recesión económica, que se caracteriza por el descenso de la producción industrial, la baja de las ventas y el aumento de la cesantía.

Los círculos económicos privados comentan las estadísticas y las deploran y de ellos surgen periódicamente rumores alarmistas en los que no se olvida el anuncio de un peregrino "golpe de Estado".

La Moneda sabe que el descenso del Partido Nacional, vuelve a desesperar a sus dirigentes, los cuales pueden incubar toda suerte de febriles pensamientos.

En el seno del Partido Democristiano también hay conciencia del comienzo de la crisis. La Comisión Político-Técnica del PDC, que preside Jacques Chonchol, puede llegar a conclusiones contrarias a la orientación que Frei impone a la política económica.

Informaciones de buena fuente dicen que Frei no considerará el recetario de sus correligionarios, porque ya tiene preestablecida su estrategia para el resto de su mandato.

El rechazo dejará en inconfortable posición a los llamados "rebeldes" de la Democracia Cristiana, pero es aventurado decir que ese traspiés obligará a éstos a precipitar la división de la colectividad.

DESINTEGRACIÓN DE LA DC

El Partido Democristiano ha sido tomado ya por el amor al poder, y sus parlamentarios no pueden descuidar la reelección en 1969. La división por motivos doctrinarios debe descartarse. Es más probable la desintegración de la colectividad.

Al frente de este cuadro está la Izquierda chilena, y el futuro del país.

La coexistencia pacífica con el Partido Democristiano en el poder no ofreció ninguna de las ventajas que se esperaron. La oposición puede deparar dividendos electorales en 1969. Lo que parece esquivo es la conquista del poder para la Izquierda.

El diputado democristiano José Isla, ya ha anticipado las características de la lucha presidencial de 1970, con su llamado a todas las fuerzas que deseen derrotar al marxismo. El llamado también está dirigido al Partido Radical.

Recuperado de: http://www.blest.eu/inf/PF31.html

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