martes, 29 de diciembre de 2015

Recuperando nuestra historia: Renuncia de Patricio Valdés al Partido Radical (Edición Nº 152, 29 de febrero de 1972)

                                                                                                                                            PUNTO FINAL 
                                                                                                                                            Año VI. Nº 152 
Martes 29 de febrero de 1972


Entrevista

LA CRISIS RADICAL

El 12 de febrero pasado renunció a la primera vocalía del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Radical, como asimismo, a la militancia partidaria,Patricio Valdés Bastías. La decisión de Valdés causó sorpresa en los medios políticos, ya que casi veinte años de permanencia en el PR, lo habían caracterizado como un disciplinado militante, si bien lleno de una ardiente convicción revolucionaria y socialista. Precisamente en esa circunstancia se ubicó la causa de la renuncia de Valdés, quien ahora, en una entrevista concedida a PF, explica personalmente su decisión, a la vez que, de paso, analiza la crisis que afecta al radicalismo y sus proyecciones.

1.—¿Cuáles son las razones que lo impulsaron a renunciar, indeclinablemente, al PR después de casi 20 años de militante?

Durante casi 20 años de militancia, ingresé en abril de 1952, siempre albergábamos la idea que el radicalismo podía superar una serie de dificultades internas, producto de su composición social y permanente indefinición política trascendente. A tal tarea entregamos esfuerzos cotidianos, conscientes de la necesidad de su aporte en un proceso unitario que, tomando vitales transformaciones revolucionarias, lo entroncara en la tarea estratégica de construir la sociedad justa, humana y digna redimisiva de los expoliados de nuestra tierra: el socialismo.

Numerosas convenciones internas fueron sucediéndose, a parejas con los apetitos voraces de sus estructuras de poder estratificadas desde el cuerpo parlamentario, con apoyo directo de elementos latifundiarios de la zona central y sur, de beneficiarios de la mediana minería o vinculados a la explotación saqueadora de sectores empresariales con enorme caudal financiero e influjo en la prestación del crédito bancario.

No obstante la gravitación que tales elementos tenían en la vida interna, en los eventos máximos de 1967, 1969 y 1971 se dieron grandes pasos definitorios, produciéndose una profunda pero no total decantación humana e ideológica. Fundamental en 1971. Allí, por sobre las presiones de los sectores tipificados los radicales que habían trabajado por el triunfo electoral del programa popular contribuyendo al triunfo de Allende, se dieron una línea clara de manera soberana, ausente de balbuceos transaccionales, con científica concepción del rol, funciones y devenir del radicalismo.

Por desgracia, tan auspiciosos acuerdos, necesarios para la vigencia y proyección del radicalismo, quedaron reducidos a su expresión escrita.

La actual directiva, encabezada por el diputado Carlos Morales, ha sido incapaz de proyectar creadoramente dicho cuerpo conceptual, dejándolo sin la adecuada instrumentalización, incomunicándose con las bases, ayuna de concepciones tácticas y estratégicas necesarias para su accionar partidario—referido al Gobierno Popular. Ello, sumado a un coqueteo inefable pero sin contrapartida con los elementos escindidos del radicalismo, nos llevó a la determinación indeclinable de alejarnos de una colectividad única, cuya vigencia es importante, siempre y cuando logre recuperarse del marasmo en que se debate, levantando dignamente sus banderas de redención social, impregnadas en la causa de la revolución y el socialismo.

2.—¿A su juicio, cuáles son las causas de la actual crisis interna en que se debate el PR?

Ya hemos indicado algunas en el esbozo anterior. Creemos posible destacar otras.

La gestación de la directiva actual del Partido surgió luego de presiones ingentes, denunciadas en la propia Convención. Triunfó por escasos 68 votos. Era el triunfo del aparato funcionario, de los que defendían su participación administrativa en el Gobierno, de los "Unidad Popular 5 de Septiembre" que, frondosos, determinaban en el Partido más permeable de la combinación triunfante.

Así se consolidaba una crisis profunda, enmarcada en falta de dirección política, sin presencia real en la UP, el propio Gobierno y en los grandes centros de masas, con ausencia total de tácticas y estrategias que permitieran adelantar los objetivos centrales establecidos unánimemente en dicho torneo máximo. La desorientación ha cundido en las bases fomentando la indisciplina y el surgimiento de centros locales de poder que en nada contribuyen al fortalecimiento de una colectividad que como nunca cuenta con los elementos doctrinarios para entregar un aporte efectivo a la revolución chilena.

Por otro lado, so pretexto de ampliar la base social de sustentación del Gobierno, se incorporan elementos retardatarios, que ninguna entrega aportaron en la campaña presidencial salvo su negación; que difieren sustancialmente de los aspectos medulares del programa; que ambicionan mediatizarlo convirtiéndose en freno de las transformaciones revolucionarias del mismo, entronizándose en el movimiento popular por arriba. Sus consecuencias surgirán a la brevedad.

En esta situación, el radicalismo debió tener una presencia vigilante, ya que los conoce.
Sabe lo que significaron cuando eran sus miembros. Por el contrario, intentan una unidad que, teniendo en vista expectativas electorales, puede significar un rudo golpe a la causa de los trabajadores chilenos que han cifrado su esperanza en los profundos cambios que anhelan y por los cuales muchos de los suyos han caído.

Para nosotros, la alternativa es clara: socialismo o capitalismo, revolución o reformismo. El pretender crear una federación socialdemócrata es hacerle el juego a la derecha en su afán de aislar a la izquierda efectivamente revolucionaria; es volver al juego legislativo, negando la capacidad combativa de las masas; es perder la ofensiva entregando la iniciativa al electoralismo sin contenido.

Cuando el radicalismo entienda lo anterior, se desprenda del chaqueteo congénito, comprenda que sus militantes exigen más que la mera gestación de directivas para colocarlas al servicio de intereses personales, cuando se vincule a las masas en lugar de jugar roles burocráticos o administrativos, sólo entonces podrá recabar un lugar digno en la causa popular.

3.—La ausencia de esfuerzos por resolver esta crisis ¿tiene, según su opinión, algún origen concreto que permita definir a sus responsables?

En realidad, los esfuerzos han sido mínimos y se han limitado a lo meramente contingente. El PR no instrumentaliza sus acuerdos, no los baja a sus bases, no se masifica, no tiene criterios definidos para enfrentar o aportar en las diferentes áreas de acción actuales.

Su carácter pluriclasista lo hace adoptar posiciones ambiguas, contemporizadoras con los sectores internos constitutivos, incluso con aquellos que se han fortalecido luego del triunfo electoral presidencial. Sus responsables integran una mayoría amorfa, sin cohesión ideológica, populista, que coloca al Partido en beneficio personal y de los suyos, olvidándose que se trata de una colectividad, colectiva, que debiera estar al servicio popular, de sus luchas y esperanzas.

4—¿Cuál sería la solución a estos problemas que afectan al PR y qué papel le corresponde en ella a la JRR?

De acuerdo a lo que estableciéramos, "el radicalismo representa en la sociedad chilena un amplio sector de trabajadores, manuales e intelectuales. Pequeños y medianos empresarios progresistas de toda la gama de la actividad económica nacional, artesanos, profesionales, investigadores, estudiantes, artistas, empleados y obreros calificados, comerciantes, dueñas de casa que han ido poco a poco y cada día en mayor cantidad, arrancando la venda de sus ojos y comprendiendo que su puesto de combate está junto a sus hermanos de clase, el proletariado y el campesinado, para enfrentar todos al enemigo interno: la reacción y al enemigo externo: el imperialismo". (Convención XXV del PR).

Por su composición social, en la base, por lo que representa, por su lucha de estos últimos años, el radicalismo tendría un puesto real de vanguardia en el proceso de la revolución chilena.

La razón de su existencia futura, vigencia y proyección, están íntimamente vinculadas al papel que tendrá que jugar su vanguardia interna, que no sólo la conforman los militantes de la Juventud Radical Revolucionaria, sino un número bastante crecido de hombres y mujeres honestos que, como militantes, confían en la efectiva identificación popular de su colectividad.

Fuera voluntariamente, del radicalismo, se hace difícil entregar soluciones a los problemas. Podemos decir, no obstante, que la aplicación de los acuerdos, de su voto político y declaración ideológica; la estructuración orgánica diferente, dinámica y enraizada de los frentes de masas superando el jacobinismo de sus tradicionales asambleas; la designación de una directiva nacional y comisión política, ausentes de la representación funcionaria, nacidas y puestas al servicio de sus bases, con criterios definidos y comunes a todos sus militantes, desprendida de toda consideración oportunista y mediatizadora, que vaya más allá del caudillismo anárquico; son tareas vitalizadoras para cualquiera colectividad política. Sobre todo en el caso que nos preocupa.

Además, consideramos que la mentada unidad con los sectores escindidos, sería un retroceso fatal. Está minando al radicalismo aunque no encuentre réplica del grupo transaccional. Le ha hecho perder mística y confianza en sus propias fuerzas. En lugar de hacer un Partido nuevo, afincado en la validez científica de sus acuerdos recientes, mira como única manera de supervivencia, dicha unidad, que, surgiendo como salida electoral para algunos, puede significar, perspectivamente, la muerte del radicalismo, que se justifica del punto de vista histórico sólo por la puesta en aplicación de sus formulaciones revolucionarias.

Sin inmiscuirme, estimo que, como nunca, la JRR tiene un papel de vigilancia mucho más trascendental que en el pasado.

Su presencia debe fortalecerse en los cuadros medios y de base, críticamente, llevando el pensamiento sano y definido de un núcleo de jóvenes honestos que ven la única alternativa de militancia que puede resultar frustrante de mantenerse los marcos característicos de la actual crisis interna.

La próxima convención, organizada con todo el peso funcionario y oportunista, hace difícil una salida compatible con los intereses, anhelos y aspiraciones de un sector entusiasta que se vincula a las masas, trabaja en el campo, las fábricas, poblaciones y establecimientos educacionales tratando de forjar, artesanalmente, un partido comprometido con la causa popular.

Ya existen candidatos a presidentes, vices, vocales. Todo se distribuye a priori. Se habla de cambiar el voto político, de morigerar sus conceptos, de agradar a quienes ambicionan destruir el radicalismo revolucionario, hoy esencia misma del partido. Sigue el viejo estilo; los métodos caducos; las ambiciones y el personalismo se enseñorean. Nadie se preocupa de tener presencia efectiva en los centros de masas, donde nace y surge el Chile Nuevo. Nadie se inquieta por adelantarse a defender el Gobierno Popular. Nadie se motiva por transformar a éste en poder popular. ¡Qué importa el Partido y el cumplimiento irrestricto del programa, si me salvo personalmente...!

Recuperado de: http://www.blest.eu/inf/PF152.html 

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