martes, 22 de diciembre de 2015

98 años de la Juventud Radical de Chile: una oportunidad para reflexionar

"(...) la vida del espíritu no es la vida que se asusta de la muerte y se preserva pura de la devastación, sino la que la soporta y se mantiene en ella. El espíritu sólo gana su verdad en tanto que se encuentre a sí mismo en el absoluto desgarramiento". Fenomenología del espíritu, G.W.F. Hegel 





Un 22 de diciembre de 1917 nace a la vida política la Juventud Radical de Chile. Nace, a raíz de la iniciativa del Centro de Propaganda de la Asamblea de Santiago, quienes veían la necesidad de organizar y reunir a la militancia joven del Partido Radical. Para estos fines, se convocó al primer congreso de la Juventud Radical, el cual se llevó a cabo entre los días 22 y 25 del mismo mes. 


Los objetivos de este primer congreso fueron tres: a) Reunir "a los ciudadanos que, en el futuro, habrán de tomar participación en los destinos de las instituciones nacionales" y organizar "las fuerzas vivas de esta democracia sana i vigorosa que milita bajo las banderas del radicalismo chileno", b) Ser una escuela, en donde a través de la discusión y la investigación, guiadas por los principios del racionalismo, se busque la verdad y c) Propagar los ideales del radicalismo, entendiendo con gran lucidez que "el principal rol de la juventud estudiosa, es educativo. Desea tocar el sentimiento de los individuos, para despertar en ellos la fuerza consciente que tienen inactiva, en beneficio de la acción política; porque opinan los miembros organizadores del Congreso que es cuestión de suma trascendencia el interesar a las masas en el desempeño de sus derechos cívicos: formar los ciudadanos, mediante el conocimiento de los puros ideales políticos, que habrán de ser suministrados a los mas rehacios de la cultura encarnados en símbolos de redención o en banderas que entrañen nobles i justos sentimientos humanos." (1)

Hoy, como todos los 22 de diciembre, estamos de cumpleaños. 98 años se cumplen desde aquel lejano 1917 en el que se fundara nuestra querida juventud. En estas fechas, abundan las palabras bonitas y los buenos deseos. El problema, es que las palabras bonitas y los buenos deseos no van a resolver la crisis política por la que hoy atraviesa el radicalismo. Por más que cada veintidós juremos y re-juremos nuestro compromiso con nuestro ideario socialista democrático y humanista laico, este no se va a materializar por mera repetición. Por más buenas intenciones que tengamos -¡y qué bueno que las tengamos!-, estas son letra muerta si no damos una lucha cotidiana por transformar nuestra sociedad. De nada sirve enorgullecerse de ser la juventud más antigua de Chile, de tener una rica tradición histórica, si tan sólo nos quedamos en lo meramente conmemorativo, en la nostalgia por tiempos pasados. Tampoco sirve que hablemos de "la juventud de los ideales", si hoy estos ideales no son más que un cascarón vacío, una idea vaga o una simple declaración de principios.

Para salir del estancamiento, dejar la auto-complacencia y retomar la iniciativa política, es necesario que los y las militantes radicales salgamos de la comodidad. Esa comodidad que por años nos ha dado nuestra historia, en la cual descansamos. Esa comodidad que nos dio la concertación y que hoy nos da la Nueva mayoría, con la cual renunciamos a nuestro trabajo de base en las asambleas, en los sindicatos, en las Universidades, en las organizaciones barriales. Esa comodidad de renunciar a la discusión política e ideológica por la necesidad apremiante de "hacer cosas concretas". Esa comodidad de dedicarle sólo unas pocas horas a la política para con el resto de nuestro tiempo"hacer cosas más importantes", renunciando así al compromiso militante que todos y todas debiésemos tener. Pero para sacudirnos de la comodidad, como ya decía anteriormente, no basta solamente con desearlo. Desearlo es sólo el primer paso. El siguiente, es hacer uso del arma más peligrosa y revolucionaria descubierta hasta el día de hoy: la crítica. Pero de nada sirve tampoco hablar de una crítica así en general, indefinida, vacía. Nuestra crítica es una crítica que tiene al radicalismo como fundamento y motor. Nuestra crítica se caracteriza, por tanto, por ser radical. Radical, en tanto que va a la raíz de todo lo que es posible pensar. No se pierde en lo superfluo, ni en las apariencias, sino que por el contrario, apuesta por la profundidad que significa develar y comprender esta contradictoria realidad que nos ha tocado vivir y que nos exige respuestas. Una crítica que, parafraseando a Adorno y Horkheimer (2), se haga violencia a si misma, que renuncie llegar al panteón de "lo crítico", que sea inquieta y desafiante, sobre todo, consigo misma. Una crítica que nos sirva para destruir aquellos anacronismos y cristalizaciones que el radicalismo ha acumulado en sus más de 150 años de historia. Una crítica, en definitiva, que no le tema a la muerte, ni a los dogmatismos, ni a mirarse a ese espejo, que es nuestra historia, para desafiar incluso hasta las más arraigadas "verdades" de nuestro pensamiento.

Con esta reflexión no pretendo dar respuesta a los problemas y desafíos que enfrenta hoy el radicalismo, sino más bien, hacer notar la importancia de una crítica radical para volver a transformarnos en una herramienta de cambio social al servicio de las mayorías. Más que certezas, pretendo instalar dudas, preguntas. Preguntémonos en dónde están influyendo nuestras ideas, en qué espacios estamos incidiendo, a cuántas personas estamos convocando, cuáles son las discusiones que estamos dando en el día a día. Preguntémonos si podemos preciarnos de ser una juventud política y a la vez, ver como pasa la reforma laboral, la reforma educativa y el proceso constituyente por nuestro lado. Preguntémonos si estamos haciendo, realmente, todo lo que está a nuestro alcance para luchar por el laicismo, el socialismo y la democracia. Preguntémonos también, si nuestra política de comunicados puede llevar el nombre de política o, más bien, debiésemos asumir que sólo estamos haciendo diplomacia. Preguntémonos si es posible continuar así como estamos, así de desorganizados, incomunicados y así de "ligeritos". Preguntémonos, por último, o en primer término si se quiere, porqué estamos aquí y no en otro partido, para qué estamos militando y por qué razón, en tiempos de despolitización y desprestigio de la política, decidimos meternos en esto. 

La invitación, correligionarios y correligionarias, es "a ponerle un poco más de empeño" como venimos cantando desde el 2011. Es a ser jóvenes rebeldes y viejos porfiados. Es, como decía un rayado allá en Valparaíso, "que ya nada nos de lo mismo, porque lo mismo nunca nos dará nada". La invitación apunta a que superemos la comodidad, a que dejemos de descansar en nuestra historia y pasemos a ser radicalmente críticos. La invitación en este aniversario es a que guardemos el cotillón para cuando, de verdad, tengamos cosas que celebrar. 

                                                                                                       Francisco Zapata Tapia


Bibliografía:

1. http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0056800.pdf Acta del primer congreso de la Juventud Radical de Chile.
2. https://www.marxists.org/espanol/adorno/1944-il.htm Dialéctica del ilumnismo, Max Horkheimer y Theodor Adorno. (1944)

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