John Rees – “Estrategia y
táctica. Las tareas de la izquierda para transformar la sociedad."
1. Prólogo:
“Este libro es una herramienta.
Busca aportar elementos para hacer más efectiva la actividad de las
organizaciones que se proponen transformar la sociedad y darle un nuevo curso a
la historia”
El prólogo de este libro comienza
con un diagnóstico bastante claro: La izquierda tiene grandes desafíos ante sí,
tiene grandes luchas por librar, pero su realidad es francamente decepcionante.
Cuando
se habla de izquierda, no se está hablando de aquellos partidos que se definen
por el nombre de su partido o por sus luchas pasadas de hace 30 o 40 años. Se
está hablando de la izquierda que aún tiene en su horizonte el derribamiento
del sistema capitalista. Ésta izquierda, es una izquierda pequeña y
fragmentada. Pese al notable aumento en los niveles de organización registrados
en los últimos años, tanto en el seno de la misma clase obrera como de
organizaciones sociales que toman esas banderas, aún nuestra realidad dista
mucho de estar a la altura de las circunstancias. La izquierda del SXXI
enfrenta problemas y carencias que, si pretende erigirse como una alternativa,
debe saber resolver: En primer lugar, las mezquinas rencillas entre los
militantes de distintas organizaciones, que parecen peleas de hinchas de
distintos equipos de fútbol más que otra cosa. En segundo lugar, debe enfrentar
la “dificultad de que toda elaboración estratégica requiere, a su vez, un
conocimiento adecuado de la realidad en la que las organizaciones pretenden
intervenir, por lo que la investigación científica y la fundamentación de estos
debates adquieren una importancia crucial, so pena de reducirse a la pura y
simple ideología” (Rees, 2015, pág. 7) . En
esta línea, teoría y práctica forman una actividad integrada, no son
dicotómicas. “Hablar de teoría, si se hace seriamente, es hablar de
estrategia revolucionaria. Y la estrategia revolucionaria, como irá quedando
claro en este libro, tiene que ver fundamentalmente con el proyecto de
derribamiento del poder político burgués” (Rees, 2015, pág. 7)
Dicho lo anterior, los editores
se hacen la siguiente pregunta: “¿desarrolla la izquierda chilena actualmente
teoría e investigación revolucionaria, con miras a la elaboración estratégica?”
(Rees, 2015, pág. 8) . Si bien se reconoce que hay esfuerzos
aislados y ciertamente elogiables, no existe un espacio común que permita
avanzar de manera “abierta, crítica y sistemática” (Rees, 2015, pág. 8) . Lo que uno puede
apreciar hoy en el campo de la estrategia y táctica, es que se dan dos situaciones:
Por un lado, modelos teóricos rígidos que admiten pocas variantes en sus
prácticas y, por otro lado, una ausencia de estrategia, olvidándose el
horizonte comunista. Una carencia de criterios para evaluar procesos actuales y
generar tácticas.
Aunque en muchos casos hoy se
olvide o se deje de lado, no hay que olvidar “los objetivos centrales de la
actividad política socialista” (Rees, 2015, pág. 8) . Pero también es
vital tener claro que “los problemas estratégicos no los resuelven los
individuos, ni una u otra organización por sí sola, sino que es la práctica
colectiva la única que puede dar respuestas.” (Rees, 2015, pág. 8)
2. Introducción:
¿qué hacer?
“En 1902, cuando Lenin eligió el
título ¿qué hacer? para el que
resultó ser uno de sus panfletos más famosos, las fuerzas de los revolucionarios
en Rusia estaban dispersas y debilitadas. Pero esta insistencia en dar
respuesta a esta pregunta fue lo que los llevó al punto en el que pudieran
jugar un rol decisivo en la revolución Rusa. Si los revolucionarios quieren
cumplir un papel constructivo en las batallas que enfrenta actualmente la clase
trabajadora, deben tener la capacidad táctica y estratégica de contestar esa
misma pregunta.” (Rees, 2015, pág. 12)
3. ¿Cuál
es nuestro objetivo?
Los conceptos de táctica y
estrategia tienen un origen militar. En la guerra, los ejércitos se plantean
objetivos estratégicos y adaptan sus tácticas en la batalla, de tal manera de
acercarse a su meta estratégica.
En “Lecciones de octubre”, Trotsky
dijo: “En política, utilizando la analogía de la ciencia militar, por táctica
entendemos el arte de conducir operaciones aisladas. Por estrategia entendemos
el arte de la conquista, o de la toma del poder” (Trotsky, 1924) .
El autor hace un símil entre el
análisis político y la guerra, indicando que ambas tienen algo crucial en
común: “ambos son grandes simplificadores, en tanto exigen enfocarse en lo
esencial y desterrar implacablemente lo superfluo.” (Rees, 2015,
pág. 14)
Este símil sirve para entender que no tiene sentido desgastarse en todos los
frentes, sino que se debe priorizar y juntar las fuerzas en determinados
lugares. Decidir la estrategia, entonces, es algo complejo. “Una de las tareas
más difíciles a la hora de decidir la estrategia y la táctica es responder a la
pregunta por lo que debiesen ser nuestros objetivos fundamentales, a partir de
toda la masa de información y de acontecimientos que giran en torno a nosotros,
y por los métodos que debiésemos adoptar para alcanzarlos.” (Rees, 2015,
pág. 14) .
Para realizar este proceso de abstracción, de pensar cuál debe ser nuestra
estrategia y nuestras tácticas, Lenin y Trotsky coincidían en la importancia de
la práctica, de intentarlo, de involucrarse. “Todas las disputas teóricas,
estratégicas y tácticas, sólo pueden resolverse en la práctica.” (Rees,
2015, pág. 15)
4. ¿La
estrategia de quién? ¿la táctica de quién?
Hay que partir de la base que
toda organización (ejércitos, empresas, ONG’s, organización caritativa, gobierno,
sindicatos, partidos, etc.) tiene una estrategia y una táctica. Las diferentes
estrategias, dice el autor, surgen de las clases que están en la base de cada
organización. Al contrario del planteamiento del Rees, sostengo que lo que
define la estrategia y táctica de una organización no se corresponde
necesariamente con la clase que está en la base de dicha organización, sino que
se define por aquella clase que logra imponer sus intereses al resto. El
ejército es un gran ejemplo de esto. Su base hunde sus raíces en la clase
obrera, pero los intereses que defienden son los de las clases dominantes.
Esto, porque los intereses de estas clases se imponen a los de los soldados. En
ésta línea, la pregunta por el quiénes somos, cuál es nuestra clase, nuestra
posición, nuestra identidad, son de vital importancia para cualquier
elaboración estratégica y táctica.
En este caso, nuestro interés es
la clase trabajadora, dice Rees. Y a esta clase, la define como una clase
explotada y oprimida, explicando someramente la teoría de la explotación de
Marx. De aquí, continua diciendo que la subordinación económica y política
engendra “pasividad y fatalismo” en la clase obrera. Sin embargo, “la
alienación es sólo la mitad de la historia. El sistema siempre induce tanto a
la revuelta como a la pasividad” (Rees, 2015, pág. 17) . Existe, por tanto,
una lucha entre los intereses de los trabajadores y su conciencia en un momento
dado. En términos de Gramsci, estamos
frente a una “conciencia contradictoria”.
Dice Rees que el objetivo de los
socialistas debe ser el de elevar el nivel de conciencia y combatividad de los
trabajadores. El autor continua diciendo que, justamente en esto, consiste la
estrategia y táctica socialista: “encontrar las formas de organización,
consignas e ideas que contrarresten el conservadurismo y la pasividad de los
trabajadores, para alentarlos a luchar.” (Rees, 2015, pág. 18) . En este punto,
pienso el autor comete un error al hablar de los trabajadores como un tercero
al cual debemos educar y “alentar a luchar”. Lo que hay que hacer, en mi
opinión, es que en conjunto, de manera colectiva, en la reflexión y el debate
permanente, tanto entre nosotros mismos como militantes como con el pueblo en
su conjunto, logremos elevar el nivel de conciencia y combatividad del pueblo,
dentro del cual nos encontramos, por su puesto, nosotros/as. Aquí adhiero
plenamente a la idea que Paulo Freire plantea en su libro “Pedagogía del
oprimido”: “Nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo. Los hombres se
liberan en comunión.”
5. La
organización revolucionaria
En este acápite el autor
contrasta dos formas de organización que han existido a lo largo de la historia
del movimiento obrero: La vanguardia socialista y los partidos amplios.
Comienza explicando lo que es una
vanguardia. Para esto, se vale de los planteamientos de León Trotsky. Trotsky
decía que todo lo que necesitaba saber de organización socialista lo aprendió
de cinco trabajadores: “Uno de los cinco trabajadores era un reaccionario de
tomo y lomo: nunca se habría afiliado a un sindicato, era racista y sexista, y,
ante una huelga, habría intentado romperla. Otro de los cinco era exactamente
lo contrario, un buen sindicalista, anti-racista, y un socialista siempre
dispuesto a levantarse por los desamparados.
Entre estos dos polos opuestos
estaban los otros tres trabajadores. A veces se veían influenciados por los
argumentos del reaccionario, dejando aislado al socialista. Pero ellos también
podían apoyar los argumentos del socialista, dejando aislado al reaccionario.” (Rees,
2015, pág. 19) .
Trotsky entonces, en base a esta
experiencia, dice que los revolucionarios deben vincularse con la minoría
socialista, porque al hacerse parte de esa red que tiene su propia prensa,
convoca a reuniones, elabora explicaciones del mundo y organiza la acción, esa
minoría va a tener la capacidad de ¿ganarse? (pongo el ganarse entre pregunta
en base a la misma crítica hecha en el acápite pasado) a los demás trabajadores.
La vanguardia sería, entonces, la “herramienta más eficaz para ir superando
progresivamente esa desigualdad.” (Rees, 2015, pág. 19)
Pese a lo que Trotsky planteó, la
forma que se impuso a nivel casi universal, hasta el día de hoy, fue la de los
partidos amplios (laboristas, socialdemócratas…). Estos abarcan la mayoría, si es que no a
todas, las opiniones que surgen de la clase obrera. Buscan unir a 4 de los 5
trabajadores. Su fortaleza es que son grandes, pero en esto mismo está su fatal
debilidad: al interior hay una división política entre “una minoría radical y
una mayoría conservadora o, en el mejor de los casos, una mayoría confusa y
vacilante.” (Rees, 2015, pág. 20) . Esto, dice Rees, se
vuelve inevitable puesto que se reproduce la misma conciencia desigual de los
trabajadores al interior de las organizaciones. Alienación, el efecto de los
medios de comunicación de masas, el sistema educativo, entre otras cosas, hacen
que haya una división y no compartan perspectivas la minoría y la mayoría. Esto se suma a la burocracia conservadora de
diputados, concejales, dirigentes sindicales y otros funcionarios de altas
esferas partidarias. Esto facilita que estas organizaciones “abandonen sus
principios en momentos decisivos o complicados de la lucha de clases” (Rees, 2015, pág. 21) . Aquí, cita dos
ejemplos: 1) los partidos obreros que apoyaban la 1ª guerra mundial y 2) la
realidad del Partido Laborista Inglés, incapaz de llevarlos siquiera un poco
más cerca del socialismo.
Lo anteriormente expuesto, llevó
a los socialistas revolucionarios a concluir que era necesaria una orgánica
distinta entre minoría y el resto de la clase. Los revolucionarios debían tener
su propia organización radical para organizarse y operar libremente y no
someterse a los conservadores. Pero ¿cómo evitar convertirse en una secta
minoritaria y autocomplaciente si la
revolución, en palabras de Marx, es la “autoemancipación de la clase obrera”? Dice
Rees: “esta es la cuestión central de la táctica y estrategia revolucionaria” (Rees,
2015, pág. 21)
6.
Sectarismo y liquidacionismo
En este capítulo, en directa relación con lo dicho en el
acápite anterior, el autor se inclina por la vanguardia socialista. Dice que “el
requisito indispensable para cualquier estrategia revolucionaria es la
existencia de un conjunto organizado de socialistas revolucionarios,
independientes de toda influencia que no sea la de las luchas de la propia
clase trabajadora” (Rees, 2015, pág. 22) . Sin esto, afirma,
se genera una sumisión a las capas conservadoras y, por tanto, una sumisión a la influencia de
las clases dominantes. Ser vanguardia implica buscar de inmediato las formas
más adecuadas para relacionarse con las luchas más amplias de la clase.
Rees relata brevemente el consejo que habría dado Lenin a
los revolucionarios italianos en relación a romper con Turati, el líder reformista
del PSI. Lenin, sin embargo, sabía que en el PSI había “buenos trabajadores”,
por lo cual insistió en que los revolucionarios debían seguir trabajando codo a
codo con ellos. Desde aquí desarrolla los peligros que, para él, toda
organización enfrenta: el sectarismo y el liquidacionismo. “No romper con el
PSI hubiese implicado la liquidación (disolución) de los revolucionarios en un
partido socialdemócrata o reformista y los habría anulado ocmo fuerza
independiente (…) El peligro de esta situación es que la actividad de los
revolucionarios queda atada al ritmo y dirección de la política electoralista y
reformista, y no a las necesidades de la lucha de clases” (Rees, 2015, pág. 23) . Pero si la
vanguardia se aísla, si no se articula con las mayorías, entonces cae en el
error equivalente y opuesto: el sectarismo, que implica “el intento de
protegerse de la influencia conservadora y crear una organización socialista
pura” (Rees, 2015, pág. 23)
Liquidacionismo y sectarismo tienen la misma raíz: “la
impaciencia con el ritmo del desarrollo de la conciencia de la clase
trabajadora. El liquidacionista quiere acortar el camino de la larga lucha por
elevar la combatividad y la conciencia de la clase obrera, disolviéndose en
ella en su estado actual. Los sectarios prefiere ignorar el estado actual de
los trabajadores, apartándose para subsistir en el capullo de la pureza
revolucionaria” (Rees, 2015, pág. 25)
1.
La organización política y la lucha de clases
“Los partidos no hacen ni pueden hacer, por si solos, una
revolución. La revolución debe ser el acto de una mayoría de la clase
trabajadora, no sólo de su sector más avanzado” (Rees, 2015,
pág. 26) .
La vanguardia no puede suplantar a la clase obrera en su conjunto.
En esta línea, sólo sobrevivirán aquellas organizaciones que
sean capaces de aprender de las luchas de la clase obrera. “Esto no se logra de
una sola vez durante la formación de la organización, suponiendo que seguirá
siendo igual siempre” (Rees, 2015, pág. 27) . Debe primar la
renovación constante, el estudio y la crítica.
“En ningún sentido es el rol del partido imponer cualquier
tipo de tácticas artificiosas y abstractas sobre las masas. Por el contrario,
debe aprender continuamente de su lucha y… unir los descubrimientos
espontáneos… con la totalidad de la lucha revolucionaria, y llevarla a la
conciencia” (Lukács, 1924) . De este planteamiento de Lukács, dice
Rees, se desprende un doble proceso: En primer lugar, el aprendizaje que se
debe obtener de las experiencias de la clase y, en segundo término, la
necesaria unificación de este aprendizaje con la totalidad de la lucha
revolucionaria, que no es más que la experiencia histórica acumulada de la
clase en sus batallas contra el capitalismo. En esta experiencia histórica
acumulada no sólo se encuentra la historia en su sentido más inmediato, sino
que también la teoría revolucionaria.
2.
El timing en la política revolucionaria
John Rees comienza diciendo que la actividad de toda
organización revolucionaria “forma parte de una cadena de acontecimientos que
tienen lugar en el tiempo” (Rees, 2015, pág. 29) . La cuestión del
tiempo es decisiva. “Una red de revolucionarios puede tener un efecto crucial
en el curso de los acontecimientos, pero sólo si evalúan con presión la forma
en que estos factores configuran la historia, y si miden, cual sastres, sus
acciones para promover algunos resultados y contener otros” (Rees, 2015, pág. 29)
“Siempre hay una ventana de oportunidad fuera de la cual
ciertas acciones ya no serán posibles o no tendrán la misma fuerza” (Rees,
2015, pág. 30) .
Hay que tener, eso sí, la precaución o el “tacto” de no atarantarse, puesto que
también puede darse el caso de que actuar con demasiada prisa sea un error. Por
esto es tan importante el estudio riguroso de cada situación y su contexto.
“Si una organización revolucionaria quiere cumplir su papel
en la cadena de acontecimientos, en lo que sea que consista ese papel, se debe
actuar con diligencia. Siempre habrá algo que hacer (…) es necesario hacer las
cosas de forma oportuna” (Rees, 2015, págs. 31-32)
3.
Dando con el eslabón clave
En este apartado el autor plantea la necesidad de encontrar
y tener claro el “eslabón clave”. La realidad política tiene muchos temas:
calentamiento global, racismo, luchas sindicales, guerra, aborto, etc. Ante
esto, ha habido distintas respuestas. Una de estas ha sido hacerlo todo. Otra
ha sido que los militantes elijan donde quieren estar según sus preferencias.
Al respecto, Rees dice: “esta forma de enfrentar el problema, este enfoque tipo
“almuerzo buffet” (ven cuando quieras, come tanto o tan poco como quieras, de
lo que más te guste)” (Rees, 2015, pág. 34) lleva a que la
organización pierda el foco y se olvide de los temas clave. Lo que hay que
entender, dice, es que no hay muchos temas de igual relevancia que compiten
entre sí, sino que tienen un origen común en las contradicciones de la sociedad
capitalista.
Ya lo dijo Lenin: “cualquiera que enfrente los problemas
parciales, sin haber determinado previamente los problemas generales,
inevitablemente “tropezará” a cada paso con esos problemas generales, sin darse
cuenta. Enfrentarse a ellos a ciegas y en cada caso individual es lo mismo que
condenar la política propia a la peor vacilación y ausencia de principios” (Lenin, 1907) . Esto no significa
dejar de lado los otros temas, sino que priorizar y agarrar el “eslabón clave”
como se dijo, porque así se sujeta la cadena completa.
4.
¿Qué son los cuadros?
Los cuadros son “grupos de activistas que tienen cierto
nivel de formación política y experiencia organizativa práctica” (Rees,
2015, pág. 37) .
Dan peso y eficacia a la organización. Los cuadros de las organizaciones le dan
estabilidad, durabilidad y efectividad en la lucha. Estos facilitan que los
nuevos miembros se vayan integrando a la tradición política. Por lo general,
suelen ser “los que están más arraigados en los sindicatos y en las
organizaciones de la clase obrera” (Rees, 2015, pág. 37) Pero en esto mismo
radica la posibilidad del estancamiento y el conservadurismo. Trotsky dijo:
“todo partido, incluso el más revolucionario, produce inevitablemente su propio
conservadurismo orgánico” (Trotsky, 1924) . Los problemas
asoman, sobre todo, en los momentos de cambio, cuando las condiciones de lucha
cambian rápidamente. Aquí es donde “los miembros más nuevos de la organización
pueden entender con mucha más precisión lo que necesita el partido para actuar
con eficacia” (Rees, 2015, pág. 38)
“En el periodo previo a la insurrección de Octubre, cuando
el conjunto de la dirección de los Bolcheviques se unió contra el llamado de
Lenin a una segunda revolución (…) fueron los sectores más avanzados de la
clase y los elementos más dinámicos dentro del partido los que lograron superar
el conservadurismo.
Es de esta manera que los cuadros del partido se van
renovando. En estas situaciones, se mantendrán los que son capaces de moverse
con los tiempos, mientras se incorporan y se forman los nuevos cuadros que
demuestren aptitudes para liderar en las nuevas circunstancias. De este modo,
son los debates y las acciones del partido los que ponen constantemente a
prueba a los viejos cuadros, generando a su vez a los nuevos dirigentes” (Rees, 2015, págs. 38-39)
Los cuadros deben ser capaces de utilizar su experiencia
“para comprender, explicar, y actuar en las nuevas circunstancias” (Rees,
2015, pág. 40)
y ponerlas al servicio de las luchas del presente.
5.
Agitación y propaganda
“Hay dos tareas generales que todo socialista activo debe
llevar a cabo en la lucha de clases: educar y organizar” (Rees, 2015,
pág. 41) .
Educar implica que las experiencias históricas y teóricas acumuladas de las
luchas socialistas sean útiles para la política contemporánea. Pero esta
comprensión puede quedarse encerrada en la propia organización, sino que debe
extenderse a todo el pueblo. Esto va de la mano, entonces, con la propaganda,
que no es más que la “difusión de una serie de ideas relativamente complejas” (Rees, 2015, pág. 41)
Es importante la difusión de las “grandes ideas”, pero tanto
más importante es hablar de lo que podemos hacer ahora, puesto que al capitalismo
no lo vamos a abolir con el sólo hecho de pensarlo. Tenemos que traducir en
ideas más concretas, simples y directas esas “grandes ideas”. En esto consiste
la agitación, que tiene directa relación con la “acción inmediata”. Rees da los
siguientes ejemplos: “Huelga ahora contra ofertas de salarios por debajo de la
inflación”, “marchemos para expulsar ahora a las tropas”.
Entre la agitación y la propaganda está lo que Rees llama la
“propaganda concreta”, definiéndola como “la demanda que una mayoría de los
trabajadores consideran posibles y deseables, pero que, por sí solos, no tienen
el poder de llevar adelante. Tienen la idea de que alguien más –sea el gobierno
o los dirigentes sindicales- debiera hacerlas realidad” (Rees, 2015, pág. 42)
Continúa diciendo que “saber cómo y cuándo impulsar cuáles
formas de propaganda y agitación requiere tener cierta experiencia concreta”,
lo que se traduce en escuchar a los trabajadores, entender lo que ellos ven
como posible, etc. No sirve ser una secta desconectada de la realidad. Las
formas adecuadas dependen de una evaluación previa de las condiciones de la
lucha de clases. O sea, el equilibro entre trabajadores, gobierno y
empresarios, el Estado de conciencia de los trabajadores, etc.
6.
El frente único
La problemática desarrollada en este capítulo tiene que ver
con cómo la vanguardia socialista se vincula con la mayoría trabajadora. Aquí
se exponen entonces dos formas de organización: frente único, o frente de
trabajadores, y frentes populares. “El frente único que proponía Trotsky era un
llamado a la unidad de los partidos de la clase trabajadora (…) el objetivo
era, por lo tanto, unir a todos aquellos trabajadores que tuviesen un interés
de clase en oponerse al fascismo, más allá de las diferencias que pudiesen
tener en torno a las formas de alcanzar el socialismo” (Rees, 2015, pág. 48) . Por el contrario,
los frentes populares buscaban unir a las organizaciones de la clase
trabajadora con partidos de clase media, liberales y burgueses. El peligro,
dice el autor, es que la experiencia demuestra que los intereses de los
trabajadores se subordinan a la de sus aliados burgueses.
Rees plantea que hay que apostar por “la unidad en la acción
con las fuerzas más amplias posibles de la clase trabajadora” (Rees,
2015, pág. 50)
y oponerse a alianzas con organizaciones burguesas que sólo limitan la acción
de la clase obrera.
7.
El ultra-izquierdismo
““Ultra-izquierdismo” es el término que se utiliza para
referirse a esas consignas y acciones que tratan de sustituir la actividad de
la mayoría de los trabajadores por los actos de la minoría militante” (Rees,
2015, pág. 51) .
Rees da un ejemplo, relatando lo sucedido en 1921 con el Partido Comunista
Alemán: “En 1921, una combinación entre la intervención de la Internacional
Comunista, recién formada en Moscú, y de los ultraizquierdistas locales
forzaron un nuevo giro táctico en el Partido Comunista Alemán. La línea
existente en el Partido Comunista era criticada por ser demasiado pasiva y
carente de activismo. Karl Radek y Bela Kun, los representantes de la
Internacional Comunista, instaron al partido a “pasar a la ofensiva” con el fin
de sacudir a los trabajadores de su pasividad, incluso “mediante una
provocación si fuese necesario” y forzarlos a enfrentarse al gobierno.
Cuando el presidente socialdemócrata de la Sajonia prusiana
anunció la represión policial de las zonas industriales, activaron esta
política de “forzar la revolución”. El periódico del partido, el 20 de marzo,
publicó una editorial titulada: “Quién no está conmigo está contra mí: un
mensaje a los trabajadores socialdemócratas e independientes”. Consistía en un
ultimátum a los trabajadores, diciéndoles que debían tomar partido en las
luchas venideras.” (Rees, 2015, pág. 52)
Así, se convocó a la huelga general, se tomaron fábricas y
se armaron los trabajadores. Sin embargo, la mayoría de los trabajadores no
tuvo la misma disposición y la táctica
fracasó rotundamente. Hubo enfrentamiento de trabajadores en distintos puntos,
por su parte los trabajadores portuarios ahuyentaron a los militantes del PC a
balazos. “El aventurerismo de la “acción
de marzo” terminó aislando a la vanguardia de la clase y provocó el ascenso de
la reacción.” (Rees, 2015, pág. 52)
“Si los revolucionarios tratan de “saltar por encima” de la
conciencia actual de la clase, sólo lograrán separarse incluso más de los
mejores trabajadores sin partido, dañando su propia organización, al movimiento
obrero en general, y a la relación entre ambas partes.” (Rees, 2015,
pág. 53)
8.
El marxismo y los sindicatos / el método
marxista
En cuanto al primer capítulo (el marxismo y los sindicatos),
consideré que lo que se decía no era tan necesario resumirlo. Básicamente,
explica lo que son los sindicatos (organizaciones de trabajadores creadas para
defender y mejorar sus salarios y condiciones de trabajo), qué contradicciones
enfrentan y la importancia de la organización de base para contrarrestar los
efectos nocivos de la burocracia sindical y de los trabajadores más
conservadores al interior de estos. Se hace hincapié en la importancia de la
independencia que debe tener la vanguardia socialista en estos espacios, dado
que es precisamente aquí en donde “los mecanismos directos de transmisión de
las opiniones de empleadores y gobiernos, sumado a la presión de los
trabajadores más conservadores, pueden ser más eficaces a la hora de perturbar
la actividad de la clase obrera” (Rees, 2015, pág. 56) . La independencia política y organizativa de
la minoría es importante, además, dice Rees, puesto que “si llegase el momento –aunque
debiese ser evitado, de ser posible- en el que los aliados de ayer ser
conviertan en el canal para las concesiones de hoy, el partido deberá afirmar
su independencia incluso respecto de sus amigos más cercanos” (Rees,
2015, pág. 59) .
Decidí no resumir el capítulo “el método marxista” puesto
que, me parece, hay mucho escrito respecto a esto, hay cientos de libros,
manuales y videos y, lo que sale en el libro, es más bien una síntesis bastante
apretada y general que no sirve mucho para una comprensión acabada del método
marxista.
Para concluir, dejo el listado de textos que Rees recomienda
para profundizar en cuanto a lo que a táctica y estrategia se refiere:
1.
El manifiesto Comunista – Carlos Marx y Federico
Engels
2.
¿Qué hacer? – V.I.Lenin
3.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el
comunismo – V.I.Lenin
4.
Lecciones de octubre – León Trotsky
5.
La lucha contra el fascismo en Alemania – León Trotsky
6.
Lenin: “La coherencia de su pensamiento” – Georg
Lukács
7.
Tony Cliff – Lenin (4 volúmenes, pero sobre todo
el volumen 1: construyendo el partido)
Francisco Zapata Tapia
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